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Federico Jiménez Losantos

Los milicos despiden a los criados

Federico Jiménez Losantos
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Lo que ha sucedido o está sucediendo en Perú no es un acto de contricción de Fujimori, ni un ataque de ética aguda al más alto nivel de la dictadura -en muchos aspectos dictablanda- del "Chinito" y su demoníaco valido Montesinos. La explicación racional de los sucesos de las últimas horas, sólo puede ser una: que Fujimori haya sido obligado a dimitir por los militares que, como se ha denunciado en muchas ocasiones, son el verdadero poder en la sombra del país andino.

Desde el "autogolpe" de Fujimori, su antiguo rival Mario Vargas Llosa y otras personalidades de la oposición liberal han denunciado la inexistencia de un verdadero poder civil en Perú, que sería una máscara del verdadero Poder, el de una cúpula militar que necesitaba gente con pocos escrúpulos y cierta capacidad política y publicística para presentar ante la opinión pública nacional y, sobre todo, internacional, las decisiones más duras que debieran tomarse en materia de lucha antiterrorista y reforma económica. Hay que reconocer que durante unos cuantos años esa alianza entre el poder formal y el real ha funcionado bastante bien, ha tenido muy buenos resultados en algunos campos y si finalmente se ha roto es porque no se puede tener en un país que empieza realmente a prosperar una democracia de boquilla, una dictadura tabernaria, cuajada de matones y oportunistas, que no vacila en comprar en el mercado de la oposición -también muy corrompida- los políticos que necesitan para redondear mayorías.

El fujimorismo, con Montesinos como factótum histriónico de la dictadura, era ya una partida de facinerosos sin control. Su incapacidad para ganar las elecciones al fragilísimo Toledo y su zambullida en los métodos más burdos de la mafia para conducir los asuntos políticos tenían que terminar como han terminado: los señores, es decir, los "milicos" han despedido a los criados. Pero si ese ha sido el modelo de la crisis, es evidente que la crisis no ha terminado, ni mucho menos.

La difusión por parte de un diputado de un vídeo de Montesinos comprando a otro delincuente de la política llamado Kouri puede tener elementos de casualidad, de arrojo y de aventura. Pero es inevitable pensar que haya sido, además, una operación realizada por una parte de los propios servicios secretos o directamente por los militares, acaso ayudados por la DEA, que tiene hace tiempo en el punto de mira a Rasputín Montesinos, ex-abogado de narcos. El montaje pronto descubierto de una supuesta operación de captura de aviones para el narcotráfico y/o la guerrilla comprados en el Este de Europa, que encubría responsabilidades más peruanas que de cualquier país vecino, ha podido ser la gota de un vaso demasiado lleno. Pero, en definitiva, estamos ante el agotamiento de un modelo político, de una forma de Gobierno que empieza a dar más problemas que las soluciones que ofrece.

Alejandro Toledo y el resto de la oposición tienen ante sí el reto de un pacto, implícito o explícito con ese poder militar para garantizar una transición rápida y pacífica y un desmantelamiento de los mecanismos dictatoriales. La puerta hacia la democracia en Perú ha quedado entreabierta. Pero los militares siguen dentro, cogiendo con fuerza el pomo, y la oposición fuera. Es la hora de la política. También la de reconocer los méritos de quienes han mantenido a costa de su vida o sus bienes una cierta opinión pública en Perú, una libertad limitada pero moralmente superior ante la que ha capitulado la dictadura. Esperemos que España y el resto de los países iberoamericanos actúen más decentemente que hasta la fecha. Porque Fujimori ha tenido más aliados hasta última hora en las cancillerías occidentales, desde Washington hasta Madrid, que en los cuarteles del Perú. Algo para recordar.

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