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Federico Jiménez Losantos

Mientras no se atrevan a nombrar a Polanco, sobran cartitas

Federico Jiménez Losantos
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Del calor veraniego y vacacional puede uno pasar fácilmente al bochorno informativo. En medio de los trámites familiares de terraza y tentempié, ver a todo un Mariano Rajoy leyendo una carta de José María Aznar quejándose de los últimos atropellos de la SER me ha producido una mezcla de alipori o vergüenza ajena y “dèjá vu”, como cuando en La Mañana de la COPE, en lo que dijo que iba a ser su última entrevista política en mucho tiempo, Aznar no se atrevió a nombrar a Jesús de Polanco por su nombre y se empeñó en denominarlo Poder Fáctico Fácilmente Reconocible, PFFR en este siglo de siglas. No sé qué es lo que ha llevado a Rajoy a leer una carta de Aznar, que por otra parte, salvo a la COPE en México, no deja de hacer declaraciones a cualquier medio, pero preferentemente a los medios americanos de Polanco, socios y adheridos. Si su íntimo Miguel Angel Cortés,  Luis de Guindos, Vargas Llosa y otras personas de su alrededor cultivan con fervor el padrinazgo de Polanco, ¿de qué se queja Aznar? ¿Y de qué se queja Rajoy en su nombre?
 
Si quieren defenderse de Polanco, que lo denuncien con nombre y apellidos, que cuenten los medios utilizados para conseguir el monopolio de la televisión de pago, que expliquen por qué hasta FAES cultiva la sumisión servil a Santillana y por qué anda Aznar por América reuniéndose con buena parte de la hez del continente, por ejemplo Kirchner. No se puede pretender que alguien mancilla nuestro honor –aunque lo haga tan desvergonzadamente como los medios de Polanco– después de ir a ver a Kirchner. Porque tras esas y otras visitas, uno no tiene honor, tiene la buena o mala fama que le quieran poner. Y tampoco debe obligar al líder de la oposición a faenas que no son propias de su cargo. Aquí hemos defendido -y seguiremos haciéndolo- a José María Aznar de las calumnias y bellaquerías que le propina Polanco, porque suelen ser mentira y porque los seiscientos mil militantes y casi diez millones de votantes del PP se sienten o nos sentimos agredidos en su persona. Pero ya está bien. A partir de ahora, si quieren quejarse de Polanco, que lo hagan en primera persona y en español, que lo entendamos todos, y si no, que se aguanten. ¿Primero lo traen y luego se quejan de que ha venido?
 
Ya está bien, señor Aznar. Ya está bien, señor Rajoy. O hablan o se callan. O denuncian o se aguantan. O se dedican a la virtud o al pecado. El mercado de Maricomplejines, medio vírgenes y medio embarazadas, todas por sorpresa, está saturadísimo. Háganse cargo ambos, si sus preocupaciones particulares, el uno sus viajes y el otro su congreso, se lo permiten. Con el calor, estas bromas bochornosas, que harían sonrojarse a un brigadier de opereta o zarzuela, acaban por hacerse pesadísimas.

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