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Federico Jiménez Losantos

Mientras se pegan con Aznar, el que va ganando es Rajoy

Federico Jiménez Losantos
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La estrategia electoral del PSOE parece diseñada a medias entre González y Aznar. La autoría intelectual del sevillano no es nueva ni buena, pero sí clara: no admite que nadie triunfe en su partido después de que él perdiera y hará y hace cuanto pueda por impedirlo. Tigrekán, con Cebrián como publicista-chantajista en el mejor estilo prisaico, consiguió que Zapatero cancelase su proyecto nacional, echase de la dirección del PSE-PSOE a Redondo Terreros y que todo el PSOE se implicase en una estrategia salvaje, antigubernamental y anti-institucional, en la que todo vale para vengarse de Aznar. Y todo ha sido... todo: desde el coqueteo con el PNV hasta la sumisión a ERC, desde el enfeudamiento al BNG en el chapapoteo del "Prestige" al auténtico golpe de Estado callejero con la excusa de la Guerra de Irak, que sólo la toma de Bagdad por Tommy Franks en tres semanas y la balsámica visita del Papa que permitió a la derecha sociológica recuperar la calle frustraron cuando el PP estaba en las últimas. Pero las cañas se tornaran lanzas, Aznar resistió, la derecha se unió, o mejor, se abrazó a su líder y desde entonces no ha hecho sino encadenar victorias o ver cómo el PSOE cosechaba derrotas. Resultado: después de un año de radicalización socialista en el discurso y en la política, en el Parlamento y en la calle, el PP está otra vez al borde de la mayoría absoluta.
 
Y aquí entra la parte que parece diseñada por Aznar en la estrategia de Zapatero. Es evidente que uno de los efectos que el acoso al PP de la izquierda consiguió sin querer fue que la sucesión de Aznar se convirtiera en un jubileo de unanimidades. Después de lo que la derecha vio y vivió, se acabaron las bromas, las discrepancias y los personalismos: unidad política, todos a seguir lo que diga el jefe y a ganar a los malos, que nos querían echar de la política y desahuciar de España. Y como Aznar está bordando su retirada, como es un verdadero ejemplo de generosidad para con su sucesor y como además no rechaza ninguno de los guantes que le lanzan, el resultado es el que cabía prever pero mejor: mientras izquierdistas y nacionalistas ponen verde a Aznar y le acusan nada menos que de poner en peligro la unidad de España, el candidato a la Moncloa del PP, de Aznar y de la derecha nacional, que no nacionalista, se destaca. Mariano Rajoy, sin apenas desgaste, va dejando a Zapatero atrás, atrás, atrás, atrás...
 
Y Zapatero sin enterarse.

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