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Federico Jiménez Losantos

Necrópolis en la Acrópolis

Federico Jiménez Losantos
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La ampliación europea a los países del Este parece muy política y poco económica. Los diez nuevos miembros de la UE aportan todos juntos menos habitantes que Alemania y un PIB inferior al de España. En un momento de nula prosperidad económica, podría pasar por un acto de generosidad histórica o una operación inversora a largo plazo. Nada de eso. La Europa de los 25 nace con las mismas características de insolvencia institucional y parálisis política de la Europa de los 15, cuyo núcleo central, el famoso eje franco-alemán (que en la guerra de Irak ha reunido de nuevo contra ingleses y americanos a los viejos hitlerianos de Berlin y de Vichy, o sea, al Eje) está más apagado que el reactor central de Chernobyl. Basta ver la primera producción diplomática conjunta, una apología de la ONU a propósito de no sé sabe bien qué en Irak, para asumir que la hipocresía tradicional amplía los límites de su pomposidad pero no mejora ni uno solo de sus conceptos, que en la UE son más bien disceptos.

¿Es mala, por tanto, esa ampliación? Tampoco. En lo sustancial es irrelevante, porque la oportunidad que brinda a los 15 para reformar radicalmente las estructuras obsoletas del Mercado Común ya ha sido de antemano desechada. Los subsidios agrarios, la mitad tonta de su presupuesto, se mantienen, sólo que un poco más repartidos entre los mucho más pobres, que son los nuevos. Nada obliga a los ex súbditos de la URSS a liberalizar realmente sus mercados y a democratizar sus instituciones judiciales y representativas. Se han comprometido, sí, pero lo harán como les parezca. La experiencia rusa y de estos mismos países prueba, sin embargo, que es en una justicia independiente y en la lucha contra la corrupción donde fracasan más estrepitosamente las estructuras de poder comunistas, que se adaptan a la mafia pero no al Estado de Derecho. Y fuera de éste no hay salvación. Sólo subvención.

A la venerable sombra de la Acrópolis, tanto Chirac como Schroeder y el sacerdotillo Simitis, tanto los quince de hoy como los veinticinco de mañana y los cuarenta de pasado mañana no representan nada realmente nuevo sino más bien la abigarrada aglomeración de lo viejo. No es el anuncio de una nueva polis europea, sino la ampliación de una necrópolis. Nunca sumar números rojos supuso ganancias y eso es precisamente lo que representa esta UE: más rojos y menos beneficios. Si en el futuro puede salir algo mejor de esta necrópolis, no lo sabemos. De momento, ahí queda el mármol de un panteón que sigue siendo funerario. Esta vieja, vanidosa y tetrapléjica Europa no da para más.


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