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Federico Jiménez Losantos

Nostalgia y tentación del palio

Federico Jiménez Losantos
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La ha salido el alma a la boca –si aceptamos que además de boca tiene alma- a Xavier Arzallus cuando ha atacado al PP diciendo que tiene nostalgia de los obispos que llevaban a Franco bajo palio. Si lo sabrá él, que pertenecía a los que llevaban el palio cuando el palio exornaba la escueta figura del Generalísimo. Pero acaso esa costumbre no esté tan en desuso como Arzallus parece dar a entender. Acaso simplemente haya cambiado el objeto del homenaje al poder temporal, pero no el homenaje en sí que el palio representa. De hecho, es indudable que lo que indigna a los católicos vascos no nacionalistas no es que no lleven bajo palio a Mayor Oreja sino que lleven a Arzallus y a Otegui y, encima, disimulen.

En el fondo, no es fácil cambiar de costumbres, sobre todo cuando a uno le va en ello la vida, la supervivencia. Y esa es la razón que buena parte de los católicos españoles encontraban en la entrada de Franco bajo palio en los templos: haber salvado de la muerte a muchísimos católicos, tantos como acredita la vesania asesina del bando republicano: más de ocho mil curas, frailes y monjas fueron asesinados por el simple hecho de serlo, miles de iglesias y conventos fueron quemados por el hecho de existir y decenas de miles de españoles fueron asesinados por el único motivo de ir habitualmente a misa. El anticlericalismo español, central en la justificación y desarrollo de la guerra civil, ha sido uno de los movimientos más despiadadamente criminales de nuestra Historia y eso explica de sobra , aunque no lo justifique del todo, el Palio. Recuerdo y conjuro contra el Terror.

Muchas de las interpretaciones que estos días se hacen contra la identificación exclusiva y la ostentosa exhibición nacionalista del clero vasco encuentran también en la supervivencia el argumento esencial. Pero en este caso no se agradecería la supervivencia de todos tras el martirio de muchos, como después de la Guerra Civil, sino que se evitaría el martirio a manos de ETA y se endosaría al prójimo no nacionalista el sacrificio en exclusiva. El palio no sería entonces sino una simple póliza de seguros. No justificaría sino que sustituiría al heroísmo. El símbolo del martirio cívico en el País Vasco es para los españoles Miguel Angel Blanco. Un mártir que, por cierto, no mereció el palio, ni falta que le hacía. Sin embargo, el tipo de régimen que quiere fundar o refundar Arzallus, tal vez lo necesite. Y es precisamente uno de los aspectos que lo hace execrable.

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