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Federico Jiménez Losantos
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Si la operación de aterrizaje, caza y captura de Iberdrola por parte de Repsol fue considerada como una pequeña traición familiar dentro del ininteligible mundo de los clanes de Neguri y, sobre todo, como un alarde de poder de Alfonso Cortina respaldado por Rodrigo Rato, la publicación en "Cinco Días" de una nueva opa de Repsol avalada por el Gobierno, aunque sea con el respaldo valioso pero comprometido de Gas Natural, sólo puede interpretarse como un acto de fuerza del vicepresidente segundo para demostrar, que en asuntos económicos, sigue siendo el primero. Y que no importa el cuidado, la prudencia y los argumentos que Endesa e Iberdorla están mostrando discretamente en su proyecto de fusión para derrotar un capricho de don Rodrigo y un deseo de su amigo don Alfonso. Si aquella primera opa fracasó en una noche, porque falló la sorpresa, ahora quieren presentar la segunda como un paseo militar, precedida por la trompetería y las salvas de cañón. Como no tenga ya sometidos a los jefes de Endesa, el resbalón de don Alfonso se lo va a llevar don Rodrigo en las costillas. Y ya es mucho resbalar cuando tanto se quiere escalar: la Moncloa, nada menos.

Es lamentable, por no decir bochornoso, que un presidente como Aznar, que presume de liberal y que ha hecho de la liberalización económica un programa político que casi parece un proyecto nacional, tenga que ver, por la imprudencia o la voracidad de su presunto sucesor, que "el Gobierno" respalda una operación tan discutiblemente liberalizadora y tan indiscutiblemente hostil como el intento de captura de Iberdorla por Repsol. Y además para impedir un proyecto de fusión con Endesa que, por lo menos, está siendo más respetuoso con las formas que esta especie de derecho de pernada que los amigos de Rato creen tener sobre todas las grandes empresas españolas. Malo es que se diga que el Gobierno está detrás de operaciones particulares. Peor es que se tenga la convicción generalizada de que es así.

Si la fusión de Endesa e Iberdrola reduce a tres los cuatro operadores del sector eléctrico, en rigor uno y tres cuartos, ¿por qué razón sectores como los del petróleo o el gas que se aproximan tanto al monopolio o a un neomonopolio vertical de las distintas fuentes de energía van a ser la garantía de apertura de ese mercado, en lugar de dar entrada a operadoras extranjeras para que compitan con las españolas que queden, pero fortalecidas? ¿Qué clase de liberalización es ésta que empieza y termina en una rama mientras se monopoliza el tronco del árbol?

Esta segunda opa de Repsol contra Iberdrola puede ser un fracaso estrepitoso. Políticamente es ya algo más y, sin duda, mucho peor.

En Opinión