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Federico Jiménez Losantos

Orgullo y prejuicio

Federico Jiménez Losantos
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Era imposible suponer que los Estados Unidos iban a lograr en pocos meses una victoria militar tan aplastante contra la retaguardia del terrorismo islámico como la conseguida en Afganistán. Era también difícil prever que no se conformarían con la noticia de la victoria, como Bush padre en la Guerra del Golfo, sino que meses después de echar a los talibanes de Kabul seguirían limpiando de reductos guerrilleros las montañas. Era poco probable que el liderazgo del presidente Bush adquiriese en la durísima prueba de la respuesta al 11 de Septiembre la solidez que nacional e internacionalmente ha adquirido. Estados Unidos, en lo esencial, parece haber aprendido la lección. O por lo menos ha asumido que debía aprender algo de tan terrible lección. El resto del mundo, por desgracia, no parece haber aprendido nada. Ni tiene ganas de hacerlo.

Las condolencias del primer momento, la inmersión sentimental en las imágenes de la catástrofe y los festivales emotivos retransmitidos desde Nueva York al resto del mundo han ido diluyendo su carga ideológica y política hasta desaparecer en el prejuicio antiamericano que la izquierda en general y buena parte de la derecha europea tiene contra los USA. De la tibieza se ha pasado a la frialdad. De la frialdad a la indiferencia. Y de la indiferencia a la mezquindad. Algunos medios españoles, como "El País", han sido miserables desde el principio. Otros, como "El Mundo", han esperado más tiempo para colocarse incondicionalmente en contra de Bush, haga lo que haga. Y algún otro medio, como "La Razón", parece inspirado por el joven Franco en recuerdo de 1898. Ni siquiera la actitud correcta del Gobierno del PP y especialmente de Aznar, apoyando sin reservas a Bush y aprovechando la marea antiterrorista internacional para mejorar la posición española en la lucha contra ETA, consiguen evitar una frialdad hacia un país que debería ser más aliado nuestro que nunca. Si es que el prejuicio lo permitiera.

Pero no es así. La Unión Europea no ha sido capaz de ofrecer una colaboración leal a los EEUU –ahí está su pasmosa negativa a considerar a Hamas como organización terrorista– y mucho nos sorprendería que cambiara de actitud. El cambio político de Estados Unidos con respecto al terrorismo ha supuesto una mejora sustancial. Pero estamos muy lejos de haber aprendido la lección del 11 de Septiembre. En los Estados Unidos ha sobrevivido el orgullo. En el resto del mundo, el prejuicio.

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