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Federico Jiménez Losantos

Pena de muerte en USA, asesinato policial en México

Federico Jiménez Losantos
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México ha cambiado. Sus telediarios, no tanto. La mayor agresividad informativa se vuelca en nuevas y fecundas áreas de investigación, como la seguridad personal y los derechos humanos. Más borrosa resulta en ellos la noción de propiedad, si es que existe. Y lo que sigue conformando el espinazo ideológico de sus preocupaciones son los Estados Unidos, no como realidad objetiva sino como soporte obsesivo. En ese sentido, España y Europa en general se han mexicanizado vertiginosamente. Aunque entre la patria de Porfirio Díaz y la de Napoleón aún hay diferencias, y no digamos entre la de Concepción Arenal y Frida Kahlo, es seguro que Chirac o Aznar habrían hecho objeto a Bush del mismo desaire con que le ha obsequiado su amigo Fox, que le dio plantón tras la ejecución en Texas de Javier Suárez Medina por el asesinato de un policía infiltrado en una banda narcotraficante.

Pese a que el ejecutado se reconoció culpable, pidió perdón a la familia del policía asesinado y murió cantando el himno religioso “Amazin´ Grace” mientras la inyección letal surtía rápido efecto, los medios informativos han tomado la ejecución como la muerte de un mexicano a manos del Gobierno norteamericano. Como en el caso del español de origen Joquín José Martínez (condenado a muerte y finalmente absuelto en Florida tras un segundo juicio) la movilización tribal contra la Bestia Ideológica de la Izquierda y de la Mexicanidad ha funcionado a las mil maravillas. El Estado de Derecho, el cumplimiento de la Ley, la voluntad ciudadana e incluso el cauce de reformas de la legalidad son naderías contra el agravio intemporal de un nacionalismo siempre herido. Herido imaginariamente, claro, pero con una sangría realísima y torrencial, que le priva de la vista y de la razón.

Pero lo que más me sorprendió la víspera de la ejecución legal en Texas del asesino mexicano fue que el despliegue informativo-ideológico-sentimental de uno de los muchos telediarios de las diversas cadenas de Televisa que se ven en los USA.

Incluía como segunda noticia tras la petición de clemencia de Fox a Bush, un pavoroso informe sobre secuestros a domicilio, torturas sistemáticas y, a veces, asesinatos, que sigue perpetrando la policía mexicana en la ciudadanía común, sin más excusa ni propósito que la vulgar y brutal extorsión. Los abogados de derechos humanos, las familias destrozadas, las fotos de los desaparecidos o convertidos en zombis por culpa de las salvajes torturas aparecían en la pantalla de televisión apenas un minuto después de que Fox y su gobierno mostraran su indignación por el severo e implacable cumplimiento de la ley en Texas. Y por muy aberrante que para muchos resulte la pena de muerte, ¿no sería más lógico que en vez de preocuparse tanto por los mexicanos de remoto origen que tras diversos crímenes en los USA son condenados a la pena de muerte, legal en varios Estados, en México se preocuparan más por los secuestros, torturas y asesinatos de ciudadanos indefensos que en su propio país y a la luz del día perpetran impunemente los cuerpos policiales encargados de hacer cumplir la ley pero que se dedican profesionalmente a quebrantarla?

Los multiculturalistas dirán que el asesinato policial, precedido de secuestro a domicilio y torturas, está muy arraigado en la cultura popular mexicana. No menos que la pena de muerte para los asesinos en los USA. Y tal vez esa diferencia de tradiciones políticas sea lo que explica que los mexicanos sigan cruzando por millones el Río Grande a la búsqueda de más oportunidades. Aunque sea para quejarse. De los “gringos”, naturalmente.

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