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Federico Jiménez Losantos

Pío el rápido, Pío el heroico

Cuando García Escudero ha visto que el estatus de su padrino político era finalmente inferior no ya al de Acebes, sino al de Aragonés e incluso al de Michavila se apresuró a quitarse de en medio

Federico Jiménez Losantos
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Sólo dos días ha tardado Pío García Escudero en tirarse en marcha del tren de Ruiz Gallardón, que era quien mantenía contra toda lógica su candidatura para el PP de la Comunidad frente a la de Esperanza Aguirre. Es el tiempo que le ha llevado constatar que Gallardón ha sido uno de los grandes perdedores del XV Congreso del PP, donde por aspirar a todo se ha quedado en nada. Vamos, como de costumbre. Pero no solamente ha quedado retratado Gallardón en su postura de abierto sabotaje a la presidenta de Madrid, sino el propio García Escudero, del que bien puede decirse lo que antaño de Butragueño: ni una mala palabra ni una buena acción.
 
Todos los presidentes de las comunidades autónomas gobernadas por el PP son presidentes del PP regional, salvo en la comunidad más importante, que es Madrid. La anomalía era tan grotesca como evidente y su raíz tampoco se le escapaba a nadie: el alcalde de la Villa y Corte, cuyas infinitas aspiraciones y cuya permanente voluntad de diferenciarse de su partido no pasan, curiosamente, por rechazarlo del todo sino por controlarlo a distancia. O, por lo menos, que no lo controle Esperanza Aguirre. Y para eso estaba ahí Pío García Escudero, cuya candidatura defendió tan ardorosamente como falto de argumentos en su última aparición en La Mañana de la COPE. Cuando García Escudero ha visto que el estatus de su padrino político era finalmente inferior no ya al de Acebes, sino al de Aragonés e incluso al de Michavila se apresuró a quitarse de en medio. Más vale tarde, pero no tan tarde. Pío, al final, ha estado casi tan rápido como heroico. El clásico centrista integrador.

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