Menú
Federico Jiménez Losantos

¿Qué va a hacer ahora Europa?

Federico Jiménez Losantos
0
Casi doscientos muertos, muchos de ellos australianos y europeos, son las últimas víctimas del terrorismo islámico, de esa variante de la “jihad” o “guerra santa” que sólo terminará con la conversión al Islam de todos los “infieles”, su sumisión o su exterminio. Salvo que los exterminados sean estos “mujahidines”, claro está. No hay alternativa “moderada” o “dialogante” a este fundamentalismo religioso que, por otra parte, es rigurosamente fiel a la letra y el espíritu del Corán. Ben Laden no es un fenómeno raro dentro del radicalismo islámico, sino la expresión lógica y coherente de una fe religiosa que se considera incompatible con todas las demás y que además —es su rasgo distintivo y más peligroso— se considera en guerra con la civilización occidental, contra la que ha entablado una lucha a muerte de la que la masacre de las Torres Gemelas ha sido el exponente mayor y la de la discoteca de Bali sólo el último episodio.

Tras el 11 de septiembre y una vez pasados los primeros meses de estupor y pánico, prácticamente todos los países occidentales —Gran Bretaña es la excepción— han dejado solos a los Estados Unidos en su lucha contra las manifestaciones más peligrosas del terrorismo de signo islámico y antioccidental, sea de estado, sea proveniente del difuso magma de organizaciones terroristas, que con el respaldo directo de estados terroristas islámicos e incluso sin él son capaces de perpetrar atentados a una escala tan gigantesca que antes del 11de septiembre de 2001se hubiera considerado simplemente imposible.

Pero sucede exactamente lo contrario: es posible, está sucediendo ya y además resulta muy fácil, porque la tecnología para el terror de masas está al alcance de casi todos los bolsillos y de casi todos los cerebros, siempre que alberguen la suficiente cantidad de odio y fanatismo para provocar la propia muerte mientras se asesina al “infiel”. Como el enemigo no merece vivir y el “mártir” consigue la vida eterna, el negocio político y metafísico de los carniceros de la “Jihad” es completo. Y no precisamente moderno.

La realidad es que los países occidentales, particularmente los europeos, han querido comprar con la traición a los USA y la entrega de Israel la “protección” de esta especie de mafia a lo divino que es el terrorismo islámico. En su cobardía, han cargado las culpas de los muertos norteamericanos y judíos a las propias víctimas y a sus gobiernos, presentando a Ben Laden y sus émulos como una especie de justicieros del Tercer Mundo contra los supuestos causantes de su miseria. Es la vieja propaganda soviética, antiliberal, antidemocrática y antioccidental, con los islamistas ocupando el lugar de los comunistas como vengadores de “los pueblos sometidos”, cuando a lo único que realmente están sometidos los súbditos de los países islámicos es a unos poderes despóticos y a una religión incompatible con la sociedad civil y la libertad. Los europeos han querido creer que si no se daban por enterados de que el islamismo les ha declarado la guerra, orientarían su vesania criminal sólo contra los USA e Israel. ¿Qué van a decir ahora? ¿Qué piensa hacer la Unión Europea contra el terrorismo islámico? ¿Cuántos miles de muertos serán necesarios para que unas sociedades acobardadas y unos dirigentes miserables se den cuenta de que esta guerra también va contra ellos?

Lo malo es que nuestros líderes, aunque lo merezcan, no están solos. Si no con nosotros, están aquí al lado. Pero en vez de dirigir la defensa común, el ataque preventivo, la guerra sin cuartel contra el terrorismo islámico, predican el “apaciguamiento” de la fiera totalitaria. El resultado es bien conocido, desde Munich 1938 hasta la actualidad.

En Opinión