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Federico Jiménez Losantos

Ros o el socialismo sin remedio

Federico Jiménez Losantos
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Probablemente, el error fatal del socialismo estriba, como bien pensaba Hayek, en su arrogancia, en la presunción de que conocen todo lo que hay que conocer sobre la realidad y también lo que le conviene a la gente de esa realidad que ignora, pero que el socialismo aclara y pone a su servicio. Francisco Ros, secretario de Estado de Telecomunicaciones ilustra a la perfección, es decir, hasta la caricatura, esta patología intelectual del socialismo que deriva normalmente en ruina económica y autoritarismo para imponer a la opinión pública tanto la legitimidad del error como la necesaria bondad de lo que no se ve ni como bueno ni como necesario. Tal vez el fuego real del socialismo sea el resentimiento, pero la ruina está en la “arrogancia fatal” de que presume.
 
Ros dice que el mercado de telecomunicaciones español es pequeño. ¿Pequeño para el gran Ros? ¿Pequeño en relación con quién? ¿Pequeño para qué? ¿Pequeño para quién? Según Ros, pequeño para la competencia. “No hay mercado –dice– para más de dos o tres compañías”. O sea, que el encargado de asegurar la competencia en el sector de las telecomunicaciones no cree en la competencia ni el las telecomunicaciones. A partir de ahí, extiende su infalible ojo de águila más allá del ámbito de la telefonía y se llega hasta la nueva tecnología UMTS. ¿Aceptará que en un sector nuevo sería buena mucha competencia siquiera temporalmente para explorar las posibilidades de un mercado inédito? Tampoco. El omnisciente Ros dice que el mercado no da para más de tres licencias y que la cuarta deberá de “especializarse”. Ya sabe Ros lo que va a dar de sí la tecnología inédita y lo que la sociedad va a demandar de ella. ¡Felicitémonos de tener un sabio de este calibre perdiendo dinero en el sector público en vez de forrarse en el privado! Porque si Ros sabe tanto, ¿por qué no utiliza su sapiencia para hacerse rico? En vez de arriesgarse a que lo tomen por un presuntuoso analfabeto, ¿por qué no aprovecha sus dotes de augur y desarrolla los productos que la España del futuro va a demandar?
 
La respuesta es obvia: porque Ros no tiene la menor idea de lo que pasará con la tecnología telefónica o UMTS, salvo que tropezará con él como obstáculo burocrático, ni de lo que pedirá el usuario futuro, al que como buen socialista desprecia. Desprecian cuanto ignoran: he ahí una buena definición del socialismo sin remedio (por usar la fórmula de Ricardo de la Cierva para la Derecha española de los 80), para este zapaterismo iletrado que oscila entre  la corrupción al servicio de los que cierran el mercado en su beneficio (supermercados o empresas de telefonía) y la nostalgia de Mussolini. ¡Ah, qué feliz hubiera sido Ros de poder fundar el Monopolio de Telefónica!
 

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