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Federico Jiménez Losantos

¡Senadores! ¡A jugaaar!

Federico Jiménez Losantos
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Lástima que ya no esté entre nosotros el inolvidable Joaquín Prat, porque sería el maestro de ceremonias perfecto para ese espectáculo montado por la llamada Cámara Alta al socaire de la popularidad de Gran Hermano. Si el Senado puede dedicar su tiempo a averiguar si en Tele 5 se cumplen no se sabe qué derechos de los concursantes, ha llegado el momento de cerrar el Senado, vender sus instalaciones y, si las compra Tele 5 o Endemol, sustituir la cochambrosa casita de Guadalix, guarida y escenario de los aspirantes a millonarios y famosos de GH, por los salones, la sauna y la piscina del edificio de la Plaza de la Marina Española. Cualquier cosa menos seguir derrochando y haciendo el ridículo.

Como ya demostraron los partidos en la inaudita movilización nacional sobre el comportamiento supuestamente violento de una pareja concursante de Gran Hermano, nuestros próceres respiran por la herida que a su vanidad infiere la fama de los marmolillos y petardillas que compiten en no se sabe qué, aunque ante una audiencia de no se sabe cuántos millones. Nadie en su sano juicio puede pensar que el Senado está para ocuparse de los concursos de la tele, salvo que opere en ese ámbito un fenómeno especular, de involuntaria pero obvia imitación simiesca.

Hubo un tiempo en el que la institución ahora presidida por Esperanza Aguirre (qué desperdicio de energía política) se dedicaba a averiguar cosas de más interés sobre la televisión: la competencia ilegal e inmoral entre las cadenas privadas y las públicas doblemente financiadas, por ejemplo, o la forma de trasmitir en las imágenes de los noticiarios los atentados terroristas o la violencia real del mundo, no la del guión de GH o de cualquier otro concurso que sólo pueden tomarse en serio y a pecho unos políticos en el voluntariado de la majadería. Vale como demostración de que hasta en el Senado cabe la degradación.

Como quizás no se pueda enajenar una pieza patrimonial de ese calado, y aprovechando que tenemos una liberal al frente, lo mejor es que lo subasten por concurso entre las autonomías. Que se formen equipos en función de su procedencia geográfica y que doña Esperanza, al pie del cuadro "La educación del príncipe Don Juan", vaya llamando a los concursantes según la inolvidable fórmula de El precio justo: "¡Senadores! ¡¡A jugaaar!!"

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