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Federico Jiménez Losantos

Tanta página pasó que sin libro se quedó

Federico Jiménez Losantos
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El PSOE esta enloquecido, qué duda cabe, pero no fuera de sí. Está siguiendo la que, con algún guadiana que otro, siempre episódico y siempre breve, ha sido su corriente política esencial en los últimos años. Porque hace ya bastantes años que el PSOE dejó de ser el partido del Gobierno defendido por Polanco para convertirse en su partido defensor, su guardaespaldas y su partida de la porra, para apalear en el Parlamento a los que diga el Don. Están como cuando la “guerra digital”: defendiendo la cuenta de resultados de PRISA como si fuera la memoria de Pablo Iglesias. O peor: defendiendo la memoria de Polanco, su memorioso rencor, como si fuera la cuenta de votos, su cómputo electoral. Es patético ver al primer partido de la oposición convertido en un monigote particular, en una polichinela arrendada de por vida a Don Jesús.

Pero no es menos patético ver la cara de tonto que se le ha quedado al Gobierno, la expresión idiotizada o hemipléjica de sus portavoces y portafolios, la parálisis informativa y opinativa de las radios y televisiones del aznarismo, incapaces todas juntas de hacer frente a esta marea de fingida indignación, que empezó siendo solamente retórica, pero que ya es totalmente política y va camino de convertirse en institucional.

No ha habido todavía un solo ministro que recuerde en defensa de Liaño su instrucción del caso Lasa y Zabala, que es precisamente lo que los felipistas no le perdonan, al margen de la ofensa a don Jesús de Polanco, el Don, no precisamente apacible. No ha habido un solo telediario que refresque la memoria voluntariamente perdida de los crímenes y desmanes del felipismo. Y hubiera bastado con eso el primer día para pararle los pies a esta vieja marabunta desmemoriada, a estos linchadores de la Tercera Edad.

Pero, claro, ¿cómo van a salir los comisarios de turno por un registro que no sea el de la sonrisa aquiescente, el del olvido de cualquier conflicto, el de la cancelación de un pasado que, al fin y al cabo, suele ser también el suyo? Está de moda preguntar”¿dónde estabas tú cuando se murió Franco?” Y podría también preguntárseles a estos marmolillos de la oficiosidad moclovita: “¿ dónde estabáis vosotros cuando Liaño instruía el Caso Lasa y Zabala?” Si decían la verdad, que no sé si saben, veríamos lo poco que han cambiado. Ayer, con el poder de ayer. Hoy con el poder de hoy. Mañana, con el que mande.

Cada cual recoge lo que sembró. Este Gobierno apostó por el sosiego sin principios y se ha quedado sin principios y sin sosiego. Ha pasado tanta página Aznar que, al final, él se ha quedado sin libro, los suyos sin libreto y el Gobierno sin guión.

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