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Federico Jiménez Losantos

Todos quieren blanquear el dinero negro

Federico Jiménez Losantos
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El leve sopapo dialéctico del PP al PSOE en la mejilla de Chaves, ha dado con el levísimo Caldera en tierra. Y con él, ha quedado momentáneamente fuera de combate la oposición, precisamente en vísperas del bautizo parlamentario del caso Gescartera. El PSOE ha rectificado y vuelve a la comisión con las orejas gachas, tras haber dejado patéticamente claro que el equipo zapateril no tiene autoridad moral ni fuerza política para arrostrar en serio una batalla de desgaste contra el PP. Bien mirado, nada demasiado importante ni demasiado nuevo había aportado Martínez Pujalte, salvo la insidiosa aparición de nombres propios ligados a esa sórdida mezcolanza de periodismo y política que constituyen los gabinetes de asesoría, imagen y comunicación. Pero Pujalte tomó al pie de la letra la primera –y certera– acusación socialista de que Gescartera blanqueaba dinero negro y la utilizó contra Nevado y Chaves. El resultado ha sido como el del rayo en la noche oscura: todos deslumbrados, descubiertos e indefensos. De ahí que quepa temer más que nunca lo que adelantamos en nuestro comentario de anteayer: el pacto de discreción política y silencio informativo sobre todo lo relativo al dinero negro de Gescartera.

De ahí que el PSOE insista en que el fondo de este asunto es la estafa de Gescartera y la responsabilidad de la CNMV y de ahí que el PP acepte esta forma de evitar una cuestión mucho más grave que las fechorías de Camacho: las fechorías de Giménez-Reyna con la ONCE y el inmenso caudal de dinero negro que fluye a las orillas del Fisco sin que éste se conmueva demasiado. O se conmueva de los ricos para compensar el rigor que utiliza con la nómina de los pobres contribuyentes, cobren mucho o poco, para que paguen por los que no pagan. Sin embargo, Gescartera son las dos cosas: la estafa a la sombra de la Bolsa y la sistemática evasión fiscal de quienes han encontrado la aguja de marear al Fisco, bien a través de los despachos de inspectores fiscales convertidos en asesores que entran y salen de la Agencia Tributaria, bien a través de algún político económico importante capaz de ir a misa por las mañanas, facilitar la estafa de las monjitas por las tardes y entenderse con la ONCE cuando llega la noche, aprovechando que todos los gatos son pardos.

En el fondo, todos quieren blanquear ese río de dinero negro: el PSOE, por la parte que le toca, y el PP, porque cree que le toca o deteriora más el descubrimiento de las actividades de Giménez-Reyna que las inactividades de la CNMV cometidas, pero sobre todo heredadas, por Pilar Valiente, a la que consideran amortizada. Sin embargo, en Gescartera hay algunos centenares de estafados. En la impunidad del tráfico de dinero negro, los estafados son millones de ciudadanos, reducidos a la condición de contribuyentes. Conviene establecer esa diferencia y, a partir de ella, observar la evolución del Caso Gescartera. Que es algo más que un caso pero que muchos intentarán que sea menos. Lo iremos viendo.

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