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Federico Jiménez Losantos

Una chapuza indigna

Federico Jiménez Losantos
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El acuerdo alcanzado por España y Marruecos o, más exactamente, el acuerdo impuesto por Estados Unidos a España y Marruecos a propósito de la Isla de Perejil es una chapuza diplomática y un acto de indignidad tan absurdo como innecesario por parte del Gobierno Aznar. La chapuza norteamericana recuerda mucho la de Bush padre al final de la Guerra del Golfo, con Colin Powell como ejecutor de la retirada de un ejército vencedor sin expulsar del Poder a Sadam Hussein. Ya que, un decenio después, Bush hijo tiene que volver a empezar la guerra en Irak que su padre no quiso concluir, creíamos que habrían aprendido la lección. Ellos, para sus intereses, tal vez. Nosotros, para los nuestros, está claro que no.

Si España intervino ante la ocupación marroquí de Perejil es porque la isla es suya. El derecho de propiedad, como el de soberanía, no admite demasiados matices. O una cosa es de alguien o no lo es. En este caso, el islote era tan nuestro que llevábamos siglos defendiéndolo contra diversos intentos (británicos, marroquíes, norteamericanos) de quitárnoslo. Pero admitir ahora que España tiene en la práctica los mismos títulos de propiedad que Marruecos, con tal de volver al “statu quo” anterior al 11 de Julio, sin banderas ni soldados, ¿no equivale a renunciar voluntariamente a nuestra soberanía? Evidentemente, sí.

Sólo si en la nota se contemplara expresamente la soberanía española sobre Perejil cabría hacer la concesión a Marruecos de no colocar banderas o soldados, aunque tampoco tendría ningún sentido. Pero anular cualquier ejercicio de soberanía equivale a “neutralizar” la isla y también supone el comienzo de la “finlandización” del Estrecho. Para Estados Unidos, es una buena fórmula, porque lo convierte en Padrino del Paso. Pero ese regalo hispano-marroquí no se lo hubieran hecho nunca los británicos. ¿Se imagina alguien una notita así acerca de Gibraltar ? ¿O a Margaret Thatcher repatriando a sus tropas tras vencer en la Guerra de las Malvinas? No. El sentido de la dignidad nacional, cuando se impone su defensa por las armas, es incompatible con el sometimiento al arbitraje de una autoridad que ni moral ni materialmente España debería haber admitido nunca y que nos coloca al nivel neocolonial de Marruecos. ¿Enviará Bush a los “marines” para desalojar a los marroquíes que ahora (sin que su Gobierno sepa nada, claro) quieran pasar con las cabras el fin de semana en Perejil? Y si los envía, ¿de quién habrá terminado siendo el islote? De los USA, naturalmente.

En fin, que no se puede hacer mejor una cosa cuando no hay más remedio y estropearla más después sin ninguna necesidad. Pero este tipo de indignidades, como las de Munich o las de Kuwait, más tarde o más temprano se pagan. Por lo general, carísimas.

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