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Federico Jiménez Losantos

Una tortillita en la granja de Orwell

Federico Jiménez Losantos
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Los productores más importantes del cine español han emitido una insípida nota en la que pretenden marcar distancias con la afrenta a las víctimas del terrorismo y el alarde antigubernamental de la Academia de Cine en la última gala de los antiguos Premios Goya, a los que en homenaje al pobrecito Medem podrían rebautizar Premios Ibarreche. Es difícil saber si los productores están avergonzados, si temen que el Gobierno tenga un ataque de dignidad y corte el grifo de las subvenciones o si barruntan que el público acabará pasándoles factura por los numeritos entre totalitarios y cretinoides del gremio titiritero. En todo caso, no han podido hacerlo peor. Para distanciarse acercándose tanto, para precisar de forma tan confusa, podrían haberse ahorrado el esfuerzo.
 
Los productores asumen como cierta la burda excusa de los caciques progres de la Academia para negarse a llevar la pegatina que las víctimas del terrorismo ofrecían en la puerta. Por lo visto, piensan que somos imbéciles. A lo mejor creen que no nos damos cuenta de que la supuesta defensa de la libertad de expresión —que no está en peligro en España como propala el PSOE pero brilla por su ausencia en la Academia de Cine y sus saraos— era sino una defensa corporativista pero también ideológica de la repugnante equidistancia entre la ETA y sus víctimas que propugna el nacionalista vasco Medem, apoyado por la mafia progre que aterroriza el gremio del cine. Si es a esa mafia a la que se refieren con lo del indeseable control de algunas plataformas y la deseable libertad real de todas las tendencias, que lo digan. Y si no se atreven a decirlo, que se callen.
 
Que critiquen la gala mientras defienden el esfuerzo de la Academia y de su presidenta es otra prueba de cobardía ética y de desprecio a nuestra inteligencia. La presidenta, antes, durante y después de la gala, ha dicho que en España la libertad de expresión está en peligro. Si eso es cierto, los productores deberían respaldarla y denunciar tan horrible censura. Si es mentira, deberían pedir la inmediata dimisión de Sampietro y su cuadrilla, que con su politización totalitaria, su desprecio a las víctimas del terrorismo y su denuncia de una falta de libertad de expresión absolutamente imaginaria (que responde a una consigna de la izquierda y los separatistas) están asqueando y acabarán echando al público de cualquier cine español. Claro que los titiriprogres cuentan con Polanko, amo de Sogecable, productor de Medem; y, por lo visto, los productores, también. Se nota.
 
Si estos cinco respetables aunque no heroicos productores quieren hacer una tortillita a las finas hierbas subvencionadas sin romper ni un solo huevo de la granja de Orwell, van aviados. Si aún no se han dado cuenta de que la herida en la opinión pública es cada vez más honda y sangra demasiado, vale más que dejen las artes visuales y se dediquen a otra cosa. Siempre que no sea la literatura, claro. Ni la moral, por supuesto.

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