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Federico Jiménez Losantos

Torrente en Justicia o Las Cloacas de Marzo 

¿Qué burricie, qué mugrientas costumbres anidan en las cloacas del Ministerio del Interior y su gemelo el de Justicia?

Federico Jiménez Losantos
¿Qué burricie, qué mugrientas costumbres anidan en las cloacas del Ministerio del Interior y su gemelo el de Justicia?
José Manuel Villarejo tras declarar en la Audiencia Nacional | EFE

La suelta de Villarejo a instancias de la Fiscal General del Estado –“La Lola” del “Balta”, en la intimidad delictiva de la marisquería Rianxo- ha tenido la virtud de destapar ante la opinión pública que quiere enterarse de algo el desbordamiento de las cloacas, el vertedero o muladar de los ministerios de Justicia e Interior, unidos por las avenidas excrementicias de sus cabecillas: El Balta y La Lola, Villarejo, El Gordo o El JIM, todos protegidos por los ministros de Interior, de Rubalcaba a Fernández Díaz, junto a los altos mandos de la Policía; el último implicado, el DAO Pino. 

Rianxo, el belén de la Gran Cloaca policial y judicial 

El festín de Rianxo es el Belén de las Cloacas. El motivo del convite era la última, que no la única, medalla pensionada concedida a Villarejo. Y lo más relevante no es que acuda la flor y nata de la corrupción policial sino que los invitados sean el entonces juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón y su pareja Dolores Delgado, entonces fiscal en ejercicio. 

Que se reúnan policías corruptos es normal, casi obligado cuando gestionan tantos asuntos y comparten padrinos políticos. Lo relevante es que lo hicieran con el juez más famoso de la época y con una fiscal de reconocido desprestigio por compartir los desafueros de su pareja. Que la amistad y negocio comunes venían de lejos está claro; que continúan hoy lo prueba que el abogado de los condecorados, ahora imputados, sea Garzón, expulsado por prevaricación de la carrera judicial, pero que actúa, directa o indirectamente, a través de su bufete, como “consigliere” de los rianxeiros.  

Se repite a menudo que Irene Montero es ministra de Igualdad por ser la pareja de Pablo Iglesias, no que Dolores Delgado lo fue de Justicia por serlo de Garzón. Y que éste es íntimo del juez De Prada que, en una sentencia sobre la financiación ilegal del PP, añadió la frase contra Rajoy que usó Sánchez como excusa para la moción contra Don Pantuflo. Honor mafioso: mientras estalla la tubería de las baltacloacas que une a Garzón y Delgado con Villarejo, el PSOE blinda la que une a Garzón con De Prada, confirmado como candidato histórico e indiscutible del PSOE al CGPJ. La “Banda de los cuatro” de la Audiencia eran Garzón, De Prada, Andreu y Pedraz, con Delgado de Chiang Ching de los Shangai-boys. Marlaska pudo impedir que Andreu fuera el nº2 de Delgado, pero el nº1 era y es Garzón. 

Ofertas de silencio cantor a Villarejo 

Nada más llegar al Poder, la facción togada de los rianxeiros ofreció a Villarejo, caído en la guerra de Corinna contra Sanz Roldán y el CNI, el trato que desveló Miguel Ángel Pérez en Libertad Digital: la ministra de Justicia se comprometía a soltarlo si limitaba su actividad a declaraciones contra la Corona y, eventualmente, el PP, que no se rendía en el reparto del CGPJ. Pero la clave era y es la campaña contra Felipe VI del Gobierno social-comunista, que pasa la factura del rencor de sus socios separatistas por el gran mensaje del 3 de octubre de 2017 contra el Golpe en Cataluña. 

Ese año, antes de entrar en la cárcel, Villarejo fue agasajado con una entrevista-masaje de La Sexta por Évole, en la que Garzón, referente moral de la Izquierda, dijo que el que pronto se convertiría en recluso “no era el malo” sino “un buen profesional”. Indudable argumento de autoridad de otro “buen profesional”, en este caso judicial, entre la prevaricación y el cohecho, Gurtel y “Querido Emilio”, hasta que los jueces lo expulsaron. Tampoco Villarejo habla mal del “Balta” y la “Lola” (en dialecto rianxeiro) sino que, acreditando su continuada relación, al ser preguntado por la fiscal General del Estado, sorprendida -más bien, delatada por el CNI a veteranos de Prisa- al salir tras Inda y Cerdán de la garçonnière de su novio, el recién liberado ex-comisario musitó bajito que no hablaba de “temas personales”. 

Sin embargo, en una rueda de prensa que parecía la presentación de “Torrente en Las Cloacas” o “Pillarejo en el Ministerio de Justicia”, el recién liberado Pepe (para los amigos), con treinta juicios por delante, se comportó con esa zafiedad delictiva que produce estupor en los españoles mínimamente alfabetizados y aspirantes a una aseada condición ciudadana. ¿Cómo semejante cuadrúpedo ha podido ser durante décadas el bípedo de confianza de tantos gobiernos? ¿Qué burricie, qué mugrientas costumbres anidan en las cloacas del Ministerio del Interior y su gemelo el de Justicia? Entre chulería y amenaza, flatulencia verbal e impotencia real, Villarejo brindó un espectáculo de patanería muy visto, el sainete “Tirar de la manta” que antes protagonizaron tantos delincuentes con padrinos que se ven sin ellos: Ruiz Mateos, Conde, De la Rosa, Colón de Carvajal… Demasiados como para no saber que, una vez en la cárcel, no controlas el proceso, sino que eres controlado por él. Y que los que deberían temerte se hacen temer. 

¿Qué temen “La Lola” y “El Balta”? 

El alborozo con que los medios podemitas recibieron la filtración perdicera de que Delgado se había reunido con su odiado Eduardo Inda les impidió preguntarse a qué obedecía tan imprudente gesto, el mismo día en que Villarejo salía de la cárcel. Tal vez no vieron el penúltimo revés de la Fiscal General del Estado en el Tribunal Supremo, que ha sido denegar el archivo o aplazamiento del recurso de Vox contra su nombramiento, como pedía la Abogacía General del Estado o sicariato legal gubernamental. Tan sorprendida y alarmada quedó Delgado que, en gesto velocísimo, típico de su “gordo”, o sea, Garzón, se personó a título individual en el asunto. ¿Pero en qué cabeza cabe que un nombramiento público que va más allá de cualquier cautela personal pueda ser objeto de una personación individual? En la trapacera cabeza del “Balta”, perito en trucos y fechorías legaloides. 

Otra sorpresa desagradable aguardaba a la pareja en la Audiencia de Madrid, que ha ratificado el rechazo a la vieja pretensión de archivar, es decir, de desactivar la famosa grabación de Rianxo, a la que Garzón quería condenar como publicidad sobre un asunto de índole puramente personal. Nunca pudo ser personal la grabación de tantos delitos por un juez, él, una fiscal, ella, y unos policías, Villarejo, El Gordo, etcétera, entonces en condecorado y fructuoso ejercicio. Ahí se comentan delitos tan atroces como esos burdeles clandestinos de Villarejo, la información vaginal, a la que Delgado vaticina éxito asegurado, y cuyo cometido era recabar datos íntimos para chantajear a jueces y empresarios. 

Delgado añade información al chantajista diciendo que ella conoce jueces y fiscales del Supremo que iban “de menores” en Colombia y que Marlaska “es maricón” (luego chantajeable: no había salido del armario). Pero lo fundamental es que ni la fiscal ni el juez denunciaron, como manda la Ley, los delitos que les confían ni los que ellos confían a los chantajistas, prueba de que formaban parte de la misma banda, esa Cloaca Máxima de Garzón y Villarejo que hoy ostenta -en rigor, detenta, porque debería estar entre rejas- nada menos que la Fiscalía General del Estado, clave de la Administración de Justicia junto al Consejo General del Poder Judicial, al que también accederían, PSOE mediante, con De Prada, un Garzón Bis. 

El Supremo tiene la palabra 

Hay otro asunto delicado que el Supremo puede zanjar declarando ilegal el nombramiento de Delgado como Fiscal: su declaración en El País de que Garzón no es el abogado de los policías mafiosos a los que brinda apoyo legal su bufete. Como excusa es ridícula y dado el carácter chulesco de Garzón no sería extraño que aparecieran datos que probaran lo contrario: que ha actuado como abogado de alguno de sus amigos policías corruptos. La Lola fijó en la inocencia de El Balta su idoneidad para el cargo de Fiscal General del Estado. Si mintió, adiós legitimidad. Mejor echarla legalmente. Y una vez llegados los Idus de marzo del César Baltasar, podría empezar a acometerse la limpieza de las Cloacas. 

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