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Federico Jiménez Losantos
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Todos los que alguna vez han compartido la ideología totalitaria, sea comunista o nacionalista, saben que lo primero que se aprende sobre violencia callejera es a echarle la culpa de todo a la policía. Los etarras, criminales endurecidos, torturadores redomados, acusan sistemáticamente de malos tratos a cualquier policía, incluso autonómico, que les pone no ya la mano sino la vista encima. Es una forma de "aprovechar las contradicciones del sistema capitalista y burgués". Nada nuevo.

Novedoso es que, ante el recurso más vulgar y manido de los violentos, se responda con tanta idiotez desde medios políticos y periodísticos de un país europeo del año 2001, aunque a Barcelona parece que el reloj se le paró en el 75 y que sólo andaba desde el 68. El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña se empeñó en autorizar, a pesar del criterio de la Policía, la manifestación contra una reunión suspendida, nada menos que en el Paseo de Gracia, destrozado por esos salvajes enemigos de la libertad como antes ocurrió en Seattle, Davos, Melbourne o Gotemburgo.

Pero el colmo de la memez es que la manipulación de presentar a la policía como la verdadera inspiradora y realizadora de los destrozos callejeros para culpar a los pacíficos manifestantes esté teniendo el eco que le proporcionan unos abogados memos, unos políticos majaderos y unos medios de comunicación que han batido ya todas las marcas del cretinismo y de la manipulación. ¿Acaso han hecho en Barcelona algo distinto de lo que vienen haciendo estos liberticidas desde 1999? ¿O es que todo es una conspiración del capitalismo internacional, la CIA, la policía y el neoliberalismo dizque salvaje?

Hemos vuelto al 68 en la violencia de la izquierda. Seguimos en el 68 en la idiotez de una progresía que, por desgracia, manda demasiado en España. Y en Cataluña lo manda todo. Así les va.

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