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Federico Jiménez Losantos

Zapatero y el golpismo posmoderno

...sin alternativa no hay democracia y el régimen de partido único ya lo conocemos por sus frutos mexicanos. O andaluces. O extremeños. O vascos.

Federico Jiménez Losantos
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Como si de una pesadilla se tratase, España ha pasado en sólo un año de ser un modelo de país occidental –capaz no sólo de enmendar sus yerros históricos sino de evitar la parálisis económica, política e institucional de la Unión Europea– a recaer en los peores vicios de la España antigua y en los comportamientos más genuinamente suicidas de la Europa balcánica. Del admirado y admirable “círculo virtuoso” de nuestra economía en los años de Aznar, excepción dentro de la ruinosa regla de la UE, hemos pasado al culto al  déficit en el peor estilo alemán o francés, camino seguro hacia el marasmo y el paro. Del alineamiento con las potencias occidentales más solventes (USA, Inglaterra) hemos pasado además al seguidismo tercermundista de Francia y Alemania, cuyo único principio diplomático real es el de oponerse a los USA, y nos hemos unido a la hez de la hez de los regímenes execrables del mundo: Cuba, Venezuela, Marruecos, Argentina...
 
Pero más grave aún es la deriva de nuestra política interna, en la que el PSOE uno de los dos partidos con capacidad de llegar al poder mediante el voto, se ha instalado en una auténtica subversión permanente del orden democrático. Desde hace dos años largos, se ha aliado a los partidos y grupos antisistema para practicar una oposición típicamente callejera y violenta, tratando de lograr por las malas lo que sus escaños no le permitían   por las buenas y llegando a la infamia de culpar de la masacre terrorista del 11M al PP para echarle del poder, mediante métodos no por sofisticados menos golpistas, cuya condición liberticida se ha demostrado en la negativa a investigar la masacre y en la sumisión al terrorismo islámico, empezando por la huída de Irak y la ruptura con USA.
 
Después de un año en el poder, la deriva neogolpista del PSOE ha dado un paso más al romper el acuerdo antiterrorista con el PP, al pactar abiertamente con los separatistas catalanes y vascos mientras se anuncia de forma artera pero nítida el pacto con la ETA, cuya ilegalización como fuerza política ha eludido desvergonzadamente Zapatero. El proyecto es el que se veía venir desde que ZP rompió con la política exterior de Aznar y se instaló en un radicalismo izquierdista apoyado en separatistas y comunistas cuyo objetivo inmediato es destruir al PP y cuyo resultado inevitable es destruir la democracia, puesto que sin alternativa no hay democracia y el régimen de partido único ya lo conocemos por sus frutos mexicanos. O andaluces. O extremeños. O vascos. Pero este proyecto, cuya piedra angular es la omnipotencia mediática del polanquismo y sus satélites, pasa por la rendición ante la ETA y la destrucción del orden constitucional, basado desde siempre en la nación española como sujeto político.
 
Y eso es instalarse en un golpe de Estado permanente. Posmoderno, pero golpe. Contra la nación, pero contra el Estado, puesto que, privado de su raíz legitimadora, todo el orden legal se viene al suelo. Ante nuestros ojos, el Gobierno que debería defenderla prepara ya la voladura de España. Y los todavía españoles, incluída la aún oposición, preparan... las vacaciones.
 

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