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El retorno del panadero maravilloso

Ese panadero maravilloso que es la CMT publicó un documento con una propuesta fijando los precios de terminación en red móvil de aquí hasta 2015. Ahí es nada el poder de anticipación de las autoridades.

Fernando Herrera
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Quien haya aguantado leyendo esta columna desde sus orígenes, quizá recuerde uno de los primeros artículos, en que me refería a la supuesta objetividad de los precios regulados y a los debates que se establecen en torno a su fijación.

Aquellas líneas terminaban con una frase que, en determinado contexto, hizo algo de fortuna: "a ningún panadero se le ocurriría fijar ahora (2008) los precios de su pan para 2011; a un regulador, sí".

Pues bien, hace dos semanas, volvió a mostrar su cabeza ese panadero maravilloso que es la CMT, el regulador de las telecomunicaciones en nuestro país, y publicó un documento con una propuesta fijando los precios de terminación en red móvil de aquí hasta 2015. Ahí es nada el poder de anticipación de las autoridades.

¿En qué basan este supuesto poder anticipatorio? se preguntará el lector sorprendido. ¿Por qué, si tienen tal capacidad taumatúrgica, no aplicarla a aspectos más prácticos, aunque más banales, como adivinar el número de lotería agraciado la próxima semana? Total, también se trata de adivinar números, y tan solo a una semana vista.

Pues es muy sencillo: porque estos panaderos maravillosos se creen que los precios dependen de los costes, esto es, de los precios de los factores productivos que se requieren para fabricar el servicio de terminación. Por tanto, para ellos, "basta" con extrapolar tendencias de tráfico hacia el futuro, y hablar con los suministradores para saber qué precios van a tener los distintos equipos que actualmente se precisan para dar el servicio. Hacen las cuentas y, voilá, tienen un precio. No contentos con adivinarlo para 2015, en realidad hacen el ejercicio para periodos sucesivos, y fijan precios para cada semestre.

He puesto "basta", con sus comillas, porque tampoco parece fácil acertar con los tráficos y precios de equipos a tanto tiempo vista como para dejar un precio cerrado ahora mismo, tomando de base estos parámetros. No creo que ningún empresario en su sano juicio se atreviera a comprometer sus bienes en unos precios a ese plazo; y, si lo hiciera, incorporaría sin duda algún tipo de margen al precio para posibles infraestimaciones. Afortunadamente para el panadero maravilloso, él no juega con sus bienes, sino con los de los operadores, porque esos seguros errores no los va a padecer él. Lo harán los accionistas de dichos agentes.

Pero es que ni siquiera así es correcto. El panadero maravilloso no sabe lo que sí sabe cualquier panadero y cualquier persona: que el precio del bien depende del valor que tiene para el individuo, que a su vez depende de la utilidad que tenga para él y de las unidades disponibles que tenga. Y que, como ese valor no se puede saber, lo único que cabe es proponer precios a ver a cual se vende suficientemente. El panadero sabe que si se equivoca en su estimación del valor, sufrirá pérdidas, y por eso quiere acertar con el precio justo. Y como sabe que ese valor varía constantemente y depende de muchas cosas, no se le ocurre cerrar ya su precio para 2013, 2014 ó 2015.

Pero, claro, estamos hablando de un individuo normal y corriente, no de un panadero maravilloso.

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