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Fernando Herrera

La verdadera fuerza de la web

Internet y la web han supuesto un cambio en nuestras vidas, por una sencilla razón: la gran facilidad, sin precedentes, con la que permite la creación de riqueza. En este sentido, es una verdadera gallina de los huevos de oro.

Fernando Herrera
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Las líneas que hoy escribo son las que hubiera deseado escribir hace unos doce años, cuando el fenómeno internet comenzaba a entrar en nuestras vidas, pero aún no se podía presagiar el cambio que ello iba a suponer. Entonces hubiera sido un ejercicio de anticipación, hoy se queda en mera reflexión, e incluso tal vez obsoleta.

Internet y la web han supuesto un cambio en nuestras vidas, por una sencilla razón: la gran facilidad, sin precedentes, con la que permite la creación de riqueza. En este sentido, es una verdadera gallina de los huevos de oro. Me explico.

Sólo existe una forma de generar riqueza: el intercambio libre entre los individuos. Cuando una persona vende a otra persona un objeto o un servicio, ambas personas se benefician, pues las dos valoran más lo recibido que lo entregado (si no, no se produciría el intercambio). Tras cada intercambio libre la riqueza de la sociedad aumenta, los recursos se han aproximado más a aquel sujeto que más los valora.

La mera fabricación o construcción no supone la creación de riqueza: que se lo digan a todos los constructores que tienen sus inmuebles sin vender. Esas casas no son riqueza hasta que no se vendan: de momento, son solo recursos mal utilizados; dichas casas posiblemente supondrán destrucción de riqueza, si el vendedor no consigue recuperar en su intercambio los recursos invertidos en la construcción.

Ocurre que para generar riqueza, hay que tener cierta capacidad de anticipación, tratar de adivinar lo que necesita la gente, y de qué forma se puede mejorar el uso de los recursos disponibles para satisfacer dichas necesidades mejor. Esto es lo que hacen los empresarios: localizan recursos que creen que están mal utilizados; que creen, por tanto, poder utilizar mejor, y los compran a un precio que necesariamente es inferior al que ellos creen poder obtener. Asumen todo ese riesgo, y, si aciertan con la mejor utilización del recurso, obtienen un beneficio, derivado precisamente de haber mejorado la satisfacción de los clientes. Ambas partes, como en todo intercambio, se benefician del mismo, y la riqueza ha crecido.

Antes de internet, lo de llevar ideas de negocio a la práctica era bastante costoso, aunque solo fuera por la necesidad de algún tipo de soporte físico para el negocio (un local, una nave...), o de darse a conocer. Esto es justo lo que ha cambiado con internet: ahora el lanzamiento de una idea de negocio es tan sencillo (o complicado) como realizar una página web en Java. Nada más es necesario. No hay que buscar local, ni decorarlo, ni nada por el estilo. Además, por el mismo precio, tienes presencia internacional y publicidad incorporada. Con estos mimbres, la actividad del emprendedor tenía necesariamente que explotar.

Y así ha sido. Por supuesto, se han cometido y se cometerán muchos errores durante esta explosión. Pero el resultado es palpable casi desde el inicio: nuestra sociedad se enriquece y se enriquece con cada iniciativa de los millones de personas que pueblan el planeta. Y esa sí es riqueza de verdad, no la que hacen nuestros gobiernos con inyecciones de dinero y demás zarandajas.

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