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Fernando Herrera

Leganés, oasis radioeléctrico

Aguanten un poco más los pepineros, sufran un poco más esas radiaciones, y en breve serán nuestra envidia. Pues cuando por fin entre en vigor el límite ordenado, la mayor parte del municipio se convertirá en zona libre de emisiones.

Fernando Herrera
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Los leganenses, también llamados pepineros, están de enhorabuena. Aunque posiblemente no son conscientes, dentro de poco serán la envidia de todos los madrileños y españoles... qué digo, de todos los ciudadanos europeos e incluso del mundo.

Y todo se lo deben a su consistorio e imagino que al preclaro alcalde que eligieron democráticamente y al que tendrán oportunidad de renovar su confianza en unos meses. ¿Que qué han hecho estos señores? Convertir a Leganés en la primera zona franca de España (y de Europa, y del mundo), en un área limpia de contaminación radioeléctrica.

Así es: los grupos municipales del PSOE, IU y Unión por Leganés acordaron hace unos meses que las antenas de los operadores móviles solo podrían emitir a una potencia 4.000 veces menor que el mínimo permitido en la actualidad en el resto de España. Allá los demás españolitos, inconscientes de que se están cociendo en sus propios móviles.

De hecho, cualquier persona con dotes de observación se habrá percatado de que, desde hace un tiempo, los empleados de Telefónica, Vodafone, Orange, Yoigo y demás visten un tejido transparente de microfibras que, adherido a la piel, impide la penetración de las ondas radioeléctricas en su cuerpo. Con este diseño, se evita infundir innecesario pánico entre los vecinos y conocidos, clientes que pronto devendrán mutantes. Parece que visten como cualquier otro individuo; pero ellos están protegidos, tanto como un bombero en su traje de amianto, sin tanta extravagancia en el atuendo.

En su afán de proteger al ciudadano, el ayuntamiento también invertirá un dinerillo (público) en instalar un sistema informativo para que los ciudadanos puedan consultar en tiempo real la potencia radioeléctrica que sufren sus células. Suponemos que, si se superan los mínimos ordenados, saltarán alarmas por todo Leganés cual si la atacaran bombarderos, y los vecinos tendrán tiempo de acudir a los refugios anti-emisión radioeléctrica que a buen seguro habilitarán las autoridades locales.

Cuánto no se habrán arrepentido de su pasado estas autoridades locales, las mismas que inauguraban en 2005 la red WiFi más grande de Europa, para lo que metieron en el tostadero a más de 3.000 escolares. Por suerte, todos aquellos oscuros tiempos están a punto de pasar.

Aguanten un poco más los pepineros, sufran un poco más esas radiaciones, y en breve serán nuestra envidia. Pues cuando por fin entre en vigor el límite ordenado, sus teléfonos móviles dejarán de molestarles. La mayor parte del municipio se convertirá en zona libre de emisiones, y también de timbres, de conversaciones, de correos en el móvil y de aplicaciones en el iPhone y el iPad. Solo los pobres desgraciados que, inadvertidamente, se encuentren en las proximidades de uno de esos focos de mal que son las antenas móviles, tendrán un atisbo de lo que sufre el resto de España (y de Europa, y del mundo).

Bienvenidos a Leganés, oasis radioeléctrico... y ciudad sin móvil.

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