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Fernando Herrera

Se les ve el plumero

Los malos de esta película, los operadores, ganan dinero cuando circulan contenidos por su red, así que parece razonable que quieran que este fluya libremente sin cortapisas, y muy extraño que haga falta obligarles a ello.

Fernando Herrera
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Para los interesados en el tema de la neutralidad de la red y, en general, de la libertad, estos días están siendo muy interesantes. Me refiero a las negociaciones o acuerdos que están cerrando Verizon, uno de los principales telecos de los Estados Unidos, y Google, que no creo precise mayor presentación.

La neutralidad de red va de impedir que los operadores de telecomunicaciones, los que proporcionan con sus cables el acceso a internet a la gente, puedan manejar los contenidos y los servicios a su antojo. Esto es, hay quien cree que si se deja libre a Telefónica, a Vodafone o a Orange, se van a dedicar a espiar los contenidos que nos intercambiamos, o a bloquear las páginas web que no les gusten, u otras cosas peores, como dar menos prioridad a unos contenidos que a otros.

Y es curioso, porque las únicas entidades que se dedican a estas cosas, como todos sabemos, son los gobiernos, que son los que quieren impedir el intercambio de determinados contenidos (los sujetos a propiedad intelectual), o de vez en cuando ordenan a los buscadores y operadores que bloqueen páginas. Que se lo digan a los chinos, o a los venezolanos, aunque quizá el lector interesado pueda encontrar ejemplos más cercanos.

Por el contrario, los malos de esta película, los operadores, ganan dinero cuando circulan contenidos por su red, así que parece razonable que quieran que este fluya libremente sin cortapisas, y muy extraño que haga falta obligarles a ello.

En esas estamos, cuando resulta que Google, el principal paladín de la neutralidad de red, se descuelga con estos "trapicheos". Ha decidido que, mejor que andar con los políticos para conseguir sus objetivos, quizá los pueda obtener de mejor forma negociando libremente con sus supuestos enemigos. Nada que se le pueda reprochar (incluso puedo presumir de haberlo advertido) en lo que es un triunfo en toda regla para la libertad de mercado.

Pues ya está toda la red clamando contra Google, contra la que incluso quieren convocar una especie de protesta. De hecho, uno de los consejeros del regulador americano (la FCC) ha emitido un comunicado en que considera este acuerdo como un problema.

Lo cierto es que el paso de Google deja al emperador sin sus vestiduras. Si el mercado es capaz libremente de resolver los supuestos problemas de la neutralidad de red, entonces ¿para qué es necesaria la regulación? ¿Por qué protestan los grupos de presión? ¿Por qué se queja el regulador?

Muy sencillo: porque el tema de la neutralidad de red no va de asegurar una red abierta para los usuarios, claro que no. Esa es la disculpa, las vestiduras del emperador. De lo que va la neutralidad de red es de que los gobiernos, con sus regulaciones, decidan qué puede circular y qué no por las redes de los operadores. Y claro, cuando Google se ha movido, se les ha visto el plumero.

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