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Corrupción arbitral y sistemas de control

En el baloncesto ya son habituales las interrupciones del juego por lo que no sería un gran problema para el aficionado que cada equipo dispusiera de un número limitado de opciones para pedir la revisión inmediata de decisiones acerca de cualquier jugada.

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Recientemente se ha publicado una noticia referente a la cancelación del lanzamiento de un libro titulado Blowing the whistle y subtitulado The culture of fraud in the NBA, escrito por Tim Donaghy, ex árbitro NBA, condenado a quince meses de cárcel por aceptar sobornos para amañar partidos. Triumph books ha justificado la cancelación de la publicación del libro porque contiene acusaciones que originarían denuncias contra el editor. Hay quien apunta directamente a presiones de la propia NBA, que se ha tomado muy en serio el tema, y ha manifestado que investigará cualquier acusación de fraude deportivo, aunque en su día llegó a la conclusión, junto con el FBI, de que el fraude cometido por Tim Donaghy era un caso aislado que no comprometía la pureza deportiva de la competición.

En los extractos que se han colgado en diversas webs, el ex árbitro, que se declaró culpable, intenta justificarse al contextualizar sus actos en un entorno de constante fraude en el que los árbitros más dóciles siguen las sugerencias, más o menos sutiles, de los gerentes de la liga para alargar las eliminatorias y decantarlas del lado de los equipos de grandes mercados que arrastran las audiencias y generan más negocio. También denuncia cómo se protege a las grandes estrellas, cómo los arbitrajes se condicionan por filias y fobias personales, o cómo los tres árbitros de un partido apostaban entre sí para ver quién era el primero en pitar una falta o una técnica.

Independientemente de la credibilidad que merezcan las acusaciones de Donaghy, los extractos del libro ponen de manifiesto dos de los grandes problemas comunes en cualquier sociedad o competición deportiva: cómo establecer un sistema de incentivos que favorezca la honradez y cómo establecer sistemas que vigilen a los vigilantes.

Respecto a los incentivos, resulta extremadamente difícil que los ingresos que pueda recibir un árbitro, aunque sea a lo largo de varias décadas de carrera arbitral, puedan competir con el importe de los posibles sobornos debido a las enormes cantidades de dinero que se mueven en el deporte profesional. Incluso el riesgo de pasar una temporada en la cárcel puede entrar en el cálculo de un árbitro corrupto debido a las pocas posibilidades de ser pillado y a la facilidad de obtener un beneficio ilícito por condicionar un resultado. Además en un deporte de contacto como el baloncesto siempre hay un margen de interpretación del reglamento, y eso hace que una misma situación puede ser sancionada en un sentido u otro en función del criterio arbitral, y por lo tanto se puedan justificar más fácilmente decisiones discutibles que decanten un resultado sin provocar demasiadas sospechas.

La minimización de posibles fraudes, o de simples errores humanos, en el baloncesto profesional requiere como mínimo un mejor sistema de selección, formación y control de los árbitros por parte de las ligas y federaciones, pero al final éstas pueden tener intereses propios que condicionen las actuaciones arbitrales de un modo u otro, y además sus sistemas de designación y control no se hacen públicos. Por ese motivo, lo que verdaderamente puede marcar una gran diferencia respecto a los sistemas actuales es la definitiva incorporación de las nuevas tecnologías al arbitraje de forma que se pueda modificar una decisión arbitral de forma casi instantánea y totalmente transparente ante los equipos participantes, el público de los pabellones y los telespectadores. En otros deportes como el tenis o el fútbol americano, el denominado ojo de halcón o el árbitro de televisión, respectivamente, han decidido partidos y campeonatos sin que por ello se haya mermado un ápice la esencia del juego o la emoción del espectáculo.

En la actualidad se utiliza un sistema de revisión llamado instant replay pero está limitado a momentos concretos, los finales de periodos, y a situaciones concretas; si un tiro está dentro del tiempo de juego o no, o si una canasta es de dos o tres puntos. En el baloncesto ya son habituales las interrupciones del juego por los tiempos muertos y los periodos entre cuartos, por lo que no sería un gran problema para el aficionado que cada equipo dispusiera de un número limitado de opciones o challenges para pedir en cualquier momento la revisión inmediata de decisiones acerca de cualquier jugada con un sistema de video instantáneo.

En el pasado campeonato europeo de Polonia, al final del partido entre las selecciones de España y Eslovenia, se produjo una jugada que fue revisada por el instant replay. En la revisión que llevó el partido a la prórroga, los árbitros y los telespectadores pudieron comprobar que el tiro del actual jugador del Regal FC Barcelona, Erazem Lorbek, estaba dentro del tiempo por apenas una décima de segundo, pero no se pudo sancionar una infracción previa, ya que después del rebote ofensivo Lorbek dio hasta ¡cuatro pasos! antes del tiro. Afortunadamente la selección nacional ganó el partido y acabó proclamándose por primera vez campeona de Europa, pero un error arbitral perfectamente subsanable podía haber cambiado la historia. Además este error podría haber generado todo tipo de suspicacias porque se dio la circunstancia de que el árbitro principal del partido era el mismo que el de la final olímpica de China, en la que la selección nacional perdió ante el equipo estadounidense en uno de los mejores partidos que se recuerda, con un arbitraje que la propia web oficial de la FIBA reconoció que no estuvo a la altura de tan excelso partido.
Fernando Martín es economista experto en baloncesto

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