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Efectos del uso abusivo de la valoración estadística

La reducción del impacto de un jugador a meros "números" provoca que en muchas ocasiones haya jugadores menos preocupados por el éxito colectivo y más por hacer sus "números" y acumular reconocimientos individuales.

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En baloncesto se utilizan las estadísticas para analizar la eficacia de los equipos y los jugadores en los distintos aspectos del juego; acierto en el tiro, rebotes, asistencias, pérdidas, recuperaciones, tapones, faltas recibidas y cometidas. La denominada valoración estadística es una fórmula que resume todos los conceptos fácilmente medibles sumando los considerados positivos y restando los considerados negativos, y que permite ver la contribución individual de cada jugador en cada partido. Como ocurre con otras cuestiones, tampoco este aspecto está unificado en las diferentes competiciones de baloncesto y la fórmula es ligeramente distinta en las competiciones europeas de clubs, en las competiciones internacionales FIBA y en la NBA, en la que se denomina efficiency, y en cuyo ranking actual figura Pau Gasol en el tercer puesto y su hermano Marc en el décimoctavo.

La valoración estadística es un buen resumen, pero no es más que una simplificación de la aportación de los jugadores, ya que, afortunadamente, no todo se puede reducir a números y existen los llamados intangibles (defensa, generosidad, actitud, inteligencia) que son igualmente importantes para conseguir ganar un partido. También hay que tener en cuenta que la valoración puede resultar engañosa, ya que un equipo puede ganar un partido acumulando menos valoración que su rival y viceversa. Además, una acción considerada negativa para la valoración, como cometer una falta personal para impedir el tiro del rival, puede ser crucial para la victoria de un equipo.

La tendencia actual a intentar simplificarlo todo y a personalizar los éxitos en los deportes colectivos ha hecho que la valoración estadística tenga demasiada relevancia y que en muchas ocasiones se pierda de vista el objetivo principal: que el equipo gane partidos.

Existe además cierta confusión terminológica a la hora de resaltar la contribución individual de los jugadores, ya que se han adoptado las siglas MVP (Most Valuable Player), que se refieren al jugador más valioso, lo cual es un concepto subjetivo, para designar erróneamente al jugador más valorado, concepto objetivo y meramente estadístico. Un jugador puede ser ambas cosas pero no tiene por qué coincidir, sobre todo cuando la denominación de MVP se refiere a un partido o un torneo, porque, por definición, el MVP debe ser un jugador del equipo vencedor, puesto que el objetivo del juego es ganar y no acumular valoración.

En definitiva, la reducción del impacto de un jugador a meros "números" provoca que en muchas ocasiones haya jugadores menos preocupados por el éxito colectivo y más por hacer sus "números" y acumular reconocimientos individuales, ya que eso implica más atención mediática y mayores posibilidades de obtener un mejor contrato. El problema viene cuando hay demasiados jugadores egoístas en un mismo equipo, cada uno empieza a hacer la guerra por su cuenta y se acaba perdiendo el juego colectivo y el espíritu de equipo.

Un buen ejemplo es la situación que ha vivido el Ayuda en Acción Fuenlabrada en lo que llevamos de liga regular. En sus cuatro primeros partidos obtuvieron la victoria con sus tres jugadores de más "caché", Esteban Batista, Chris Thomas y Gerald Fitch, realizando grandes actuaciones, sumando mucha valoración y obteniendo los tres de forma sucesiva el título de "jugador de la jornada", que es como la ACB denomina el reconocimiento al jugador que obtiene más valoración. El gran inicio del "Fuenla" y de sus jugadores más destacados tuvo un gran impacto mediático y el equipo disfrutó de elogios y atención, pero al final las victorias las estaban sustentando tan sólo tres jugadores que acumulaban aproximadamente el 80 % de los puntos y la valoración, y el resto de jugadores tenían un papel muy secundario. Los problemas se pusieron de manifiesto en la jornada cinco cuando llegó la primera derrota, y en la siguiente Gerald Fitch se lesionó y además protagonizó varios incidentes extradeportivos que le llevaron a ser primero despedido y después readmitido. La dinámica negativa les llevó a acumular siete derrotas consecutivas, la última en casa y por más de cuarenta puntos ante el DKV Joventut. Tras esta durísima derrota, el presidente del club decidió cesar al entrenador y declaró que el equipo tenía un "empacho de MVP’s", anunció que multaría a todos los jugadores menos a Mainoldi, recién incorporado tras una lesión, y que, si no había un cambio de actitud, jugaría el resto de partidos con los jugadores del filial.

Toda esta situación no se ha producido tan sólo por motivos deportivos sino también como resultado de un modelo económico arriesgado que crea incentivos particulares al margen del objetivo colectivo. El modelo del club consiste en servir de escaparate para revalorizar jugadores con potencial de jugar en equipos "grandes" y traspasarlos posteriormente, obteniendo un beneficio que permita la supervivencia del club en la élite. La dificultad consiste en mantener el equilibrio en un grupo en el que hay dos grupos de jugadores con objetivos diferentes, tanto deportivos como económicos, porque los tres jugadores mencionados tienen garantizado en su contrato obtener el 20% del importe del traspaso y por lo tanto ese incentivo particular tiene mucha influencia en su comportamiento en la pista.

Tras el cambio de entrenador ya ha llegado una victoria convincente, pero con las mismas características que las anteriores, con Batista, Thomas y Fitch anotando el 80% de los puntos y acumulando el mismo porcentaje de valoración del equipo. Habrá que esperar a final de temporada para hacer balance y ver si el "Fuenla" se mantiene en la ACB y logra además vender por un buen precio a los acaparadores de valoración estadística.
Fernando Martín es economista experto en baloncesto

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