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El complicado equilibrio entre lo deportivo y lo económico en Europa

Los planos de juego estático con una grada totalmente vacía al fondo daban la sensación de que los partidos eran a puerta cerrada y han afectado negativamente a la imagen de la Euroleague, que se vende con el lema de Devotion.

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En las ligas profesionales se busca siempre un equilibrio entre los criterios puramente deportivos y los criterios económicos para intentar conciliar que las competiciones sean al mismo tiempo deportivamente justas y económicamente viables. Una de las formas de conciliar ambos aspectos es que, para acceder a una competición, los méritos deportivos sean condición necesaria pero no suficiente, esto es, que un club para poder competir en la máxima categoría además de ganarse la plaza en la pista deba cumplir una serie de requisitos en cuanto a presupuesto, derechos televisivos, pabellón de juego, estructura profesional, publicidad, prensa, etc.

La nueva Euroleague Basketball ha optado por un sistema de acceso a la competición que está más concebido como un modelo de negocio y de equilibrio entre países europeos que como una competición estrictamente deportiva. El sistema presenta tres tipos de licencias: las tipo A, plazas plurianuales casi fijas para una serie de clubs, los que se supone que son más imprescindibles; las tipo B, plazas anuales que se reparten por criterios deportivos y de cupos nacionales entre el resto de equipos de la élite europea, y la tipo C, reservada al campeón de la segunda competición continental. Para permitir el acceso a más campeones de ligas nacionales y a equipos de más países se ha incorporado como criterio deportivo una fase previa en la que los campeones de ligas menores y los equipos punteros de ligas más importantes que no disponen de plaza fija compiten en dos rondas clasificatorias por los dos últimos puestos que permiten disputar la regular season.

Esta temporada el modesto Maroussi BC, un club llamado así por estar situado en ese suburbio de Atenas, eliminó en la primera ronda al Aris de Salónica y en segunda ronda al Alba de Berlín, el equipo de la capital alemana que juega sus partidos ante miles de espectadores en el O2 World, el magnífico pabellón que acogió la Final Four de la temporada pasada y que deslumbró a todos los asistentes por sus prestaciones y modernidad. Como el Maroussi BC no disponía de una cancha que cumpliese los requisitos mínimos exigidos por Euroleague Basketball se ha visto obligado a disputar sus partidos en el OAKA, el enorme pabellón que está situado precisamente en el complejo deportivo olímpico de Maroussi y que es la sede habitual del actual campeón, el Panathinaikos. El resultado del cambio de cancha, ya sea por haber cambiado los hábitos de los aficionados, por falta de tradición en el máximo nivel o por cualquier otro motivo, ha sido una pobrísima asistencia y unas imágenes impropias de un partido de la máxima competición europea, con partidos frente a grandes de Europa disputados ante pocos centenares de espectadores en un desangelado recinto deportivo con capacidad para unas 18.000 personas. Los planos de juego estático con una grada totalmente vacía al fondo daban la sensación de que los partidos eran a puerta cerrada y han afectado negativamente a la imagen de la Euroleague, que se vende con el lema de Devotion y con las imágenes de aficionados apasionados por sus equipos y llenando las gradas con sus colores y sus cánticos.

Los más contrarios al nuevo modelo han aprovechado la circunstancia para aumentar sus críticas, pero es precisamente un criterio deportivo y no de negocio el que ha permitido que dispute la máxima competición europea un equipo griego de éxito reciente y potencial limitado en vez de un equipo como el Alba Berlín, con todo el potencial del mercado alemán detrás, o de un clásico como la Benetton de Treviso, que cuenta con una gran tradición y el respaldo económico de un mecenas.

El único partido que el Maroussi BC ha disputado ante más de 2.000 espectadores ha sido el último de la fase regular en el que ganó al Maccabi de Tel Aviv, con una asistencia de 5.100 aficionados, y que ha supuesto la todavía más sorprendente clasificación del equipo de Maroussi para el Top 16, la siguiente fase de la Euroleague, en principio reservada a la auténtica élite europea. En el caso de que el modesto equipo griego superara también esta fase y llegase al Playoff de cuartos de final ya no sería una gran sorpresa, sino que entraría en la categoría de milagro deportivo, ya que se las verá con el Partizan de Belgrado, con el Regal FC Barcelona, invicto en la Euroleague con un pleno de diez victorias, y con sus multimillonarios vecinos atenienses para optar a dos plazas de cuartos. Veremos qué papel hace y qué cifras de asistencia presenta el Maroussi BC en esta fase, pero le ayudará mucho a aumentar su promedio de público y sus ingresos por venta de entradas el hecho de jugar contra el equipo vecino con el que comparte cancha, lo que le garantizará el lleno pero provocará la curiosa circunstancia de disputar un partido en casa con más de 10.000 aficionados del equipo rival.
Fernando Martín es economista experto en baloncesto

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