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El intervencionismo laboral en la ACB

La ACB es un mercado laboral que sufre las consecuencias de uno de los más habituales intervencionismos, un sistema proteccionista para "defender" a los jugadores que tienen la condición de seleccionables.

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El pasado sábado comenzó la liga ACB con muchas caras nuevas en los llamados equipos grandes: en el Real Madrid destacan Pablo Prigioni, mejor base de la ACB la temporada pasada; Novica Velickovic, mejor joven de la Euroleague, y Jorge Garbajosa, que vuelve a la ACB y se reencuentra con su entrenador en Treviso, Ettore Messina, uno de los más prestigiosos de Europa. También se ha reforzado, y mucho, el Regal FC Barcelona, que defiende el título debilitando a rivales directos con la incorporación de Pete Mickael, Boniface Ndong, Terence Morris y Erazem Lorbek, que han cambiado el frío de Moscú por el clima mediterráneo, y Ricky Rubio, que después de protagonizar el culebrón del verano, no quiso cambiar el clima de El Masnou por el frío de Minessota. Donde ha habido una revolución es en el Caja Laboral, nuevo nombre del Baskonia, que ha perdido a casi todos los referentes de los últimos años, pero que ha fichado a varios jugadores que ya han rendido a alto nivel en la ACB: Walter Herrmann, Marcelinho Huertas, Carl English, Pau Ribas y Brad Oleson, y además ha fichado un jugador de primer nivel europeo, el israelí Lior Eliyahu. En Málaga ha habido también bastantes cambios, Unicaja ha incorporado a jugadores que buscan su oportunidad en un grande, como Taquan Dean y Guillem Rubio; al internacional griego Georgios Printezis, y a jóvenes que ya aportan un gran rendimiento pero que cuentan con un potencial aún mayor, como Joel Freeland y Saúl Blanco, que estarán a las órdenes de otro de los grandes entrenadores de Europa, Aíto García Reneses, un maestro en el desarrollo de todo ese potencial de los jugadores jóvenes.

Todo este movimiento de jugadores que cambia de equipo y de liga podría hacer pensar que el mercado de jugadores en la ACB es un mercado dinámico y libre, pero en realidad es un mercado laboral que sufre las consecuencias de uno de los más habituales intervencionismos, un sistema proteccionista para "defender" a los jugadores que tienen la condición de seleccionables. El actual marco laboral está regulado por un convenio en el que los clubs compraron la "paz social" en el siempre conflictivo mundo del baloncesto profesional, cediendo ante la ABP, el sindicato de jugadores, y la FEB, responsable de las selecciones nacionales, y estableciendo un sistema de cupos que garantiza un mínimo de cuatro plazas por equipo para jugadores seleccionables. El convenio incluye una excepción al considerar seleccionables a los jugadores que tenían contrato y ocupaban plaza de "nacional" antes de su entrada en vigor, pero con la condición de permanecer en la liga. En realidad el convenio es un "pacto de caballeros" que ignora la Ley Bosman, y, aunque se vende como una forma de proteger el "producto nacional", en realidad consiste en que una minoría se beneficie de un privilegio. El convenio ha provocado una gran inflación en el salario de los jugadores seleccionables, el principal factor restrictivo a la hora de confeccionar una plantilla, y además contribuye a desequilibrar la liga porque sólo los equipos más poderosos pueden pagar a los mejores nacionales y no resignarse a cubrir el cupo con jugadores de menor nivel. Valga como ejemplo que, de los siete recientes campeones de Europa que disputan la ACB, cinco juegan en el Real Madrid o en el Barça. Además esta regulación crea una barrera de entrada parcial para los no seleccionables, pero no funciona como barrera de salida, ya que los internacionales españoles pueden irse a jugar a la NBA, que, al menos en ese aspecto, funciona como un mercado global y plenamente libre. Sin embargo, también hay internacionales que se van a ligas como la rusa, donde, como comentaba Sergio Scariolo en Tirando a Fallar, el mercado está todavía más intervenido y dos "jugadores cupo", aunque sean alguno de los nacionalizados a golpe de decreto por los oligarcas rusos, deben estar en pista en todo momento.

Un caso que refleja las distorsiones de la intervención es el de Dimitri Flis, jugador ruso del DKV Joventut y uno de los jugadores acogidos a la excepción del convenio, que a principio de temporada fichó por el Xacobeo Blu:sens, pero, como la temporada pasada jugó cedido en el Plus Pujol Lleida de la liga LEB oro, donde curiosamente no ha habido cupos hasta esta temporada, perdió la condición de seleccionable y ha acabado jugando en el Dynamo de Moscú, ocupando plaza de "jugador cupo" en su país natal.
Fernando Martín es economista experto en baloncesto

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