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¿Es el baloncesto una actividad sostenible?

Aunque no se pueda afirmar que el baloncesto profesional sea una actividad económicamente sostenible, parece que de momento la mejor liga de Europa tiene, en su conjunto, suficientes fuentes de financiación para que no peligre su viabilidad.

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Si nos atenemos a la definición que hace la RAE del término sostenible, hay que concluir que no lo es en absoluto pero se pueden hacer algunos matices si nos referimos al funcionamiento del actual modelo y sus posibilidades de supervivencia.

En primer lugar, hay que señalar que el principal motivo por el que el deporte profesional en general y el baloncesto en particular no son económicamente sostenibles es porque no están organizados para serlo. En el baloncesto profesional se mueven importantes presupuestos y hay jugadores, entrenadores, agentes y ejecutivos que ganan mucho dinero, pero las competiciones de clubs no son en realidad un negocio, ya que las "empresas" no tienen por objetivo principal obtener un beneficio económico ofreciendo un espectáculo deportivo, sino que su objetivo es conseguir títulos o, como mínimo, competir al máximo nivel sin perder demasiado dinero. Ni siquiera en Norteamérica, donde el baloncesto de la NBA está mucho más enfocado al negocio que al deporte, todas las franquicias obtienen beneficios. Algunas incluso pierden bastante dinero y son financiadas por mecenas, que lo hacen por devolver a su comunidad parte de los beneficios de sus empresas, o porque simplemente se pueden permitir el capricho de formar parte del glamour del show business de la NBA por unos cuantos millones de dólares al año.

En España, la progresiva profesionalización de los clubs y de la liga ha conseguido un paulatino incremento de los ingresos ordinarios por ticketing, patrocinio, publicidad, derechos de televisión, licencias, eventos, etc., pero aun así se está muy lejos de poder financiar los presupuestos de los clubs con recursos procedentes de la propia actividad. En la mayoría de casos, una gran parte del presupuesto de los clubs se obtiene por otras vías, ya sea con dinero procedente del fútbol, de instituciones públicas, de entidades con vinculación pública como las cajas de ahorros o de aportaciones de mecenas.

En el caso del Real Madrid y el FC Barcelona, destinar algo más de 20 millones de euros al presupuesto de la sección de baloncesto es una mera decisión de club, que tiene un impacto en el presupuesto global inferior al coste del fichaje de un solo jugador de fútbol de nivel medio-alto. Como se trata de clubs deportivos que pertenecen a sus socios, la decisión depende en último término del deseo que tenga una mayoría de trasladar al baloncesto la rivalidad deportiva del fútbol. En estos clubs siempre ha habido sectores de socios críticos con las secciones, pero parece que ninguna directiva quiera enfrentarse a los que prefieren esa situación y seguramente nadie quiere pasar a la historia como el presidente que eliminó una sección con un gran historial deportivo por una cantidad que es pequeña en relación con el presupuesto total. Recientemente, ambos clubs han aumentado su presupuesto de baloncesto, ya que, además de que las secciones colaboran notablemente a su gloria deportiva, en el actual contexto europeo no tiene sentido mantener una sección que forma parte de la marca global del club, si no es para poder competir al mismo nivel económico y deportivo que el Panathinaikos, Olympiacos, CSKA o Maccabi.

La influencia de las instituciones públicas es muy diversa y va desde la propiedad total del club, como pasa con el Gran Canaria y el cabildo insular, hasta patrocinios institucionales más o menos importantes de comunidades autónomas, diputaciones provinciales y ayuntamientos. En algunos casos, la aportación económica es directa y en otros indirecta, mediante la concesión de instalaciones deportivas públicas, la cesión de terrenos públicos para la construcción de ciudades deportivas con actividades comerciales asociadas y el patrocinio por parte de empresas públicas o que tienen acuerdos comerciales con las diferentes administraciones.

Estas aportaciones normalmente se justifican por la importancia "social" de los clubs, ya sea por su número de aficionados en relación con el número de votantes, por su representatividad local al ser quien "pone a la ciudad en el mapa", por su implicación con la comunidad o por su promoción de la actividad deportiva entre los más jóvenes con la consecuente transmisión de valores positivos y hábitos de vida saludable.

En la actual situación económica, con todas las administraciones públicas con ingresos decrecientes y acumulando deuda, parece que las "ayudas" al baloncesto profesional no sean una prioridad social, pero en realidad ha habido varios casos recientes en los que el dinero público ha sustituido de una u otra manera al que provenía de inmobiliarias y constructoras después del pinchazo de la burbuja, por lo que aunque las aportaciones puedan disminuir, aparentemente ninguna administración va a "dejar caer" a un club socialmente relevante por unas cantidades muy inferiores a las adeudadas por otras entidades, como por ejemplo los clubs de fútbol. Un caso especial fue el del Akasvayu Girona, pero porque el ayuntamiento de Gerona no quiso entrar en el juego de la inmobiliaria Akasvayu, que se hizo con el control del club de la ciudad y se gastó unos 20 millones de euros en jugadores y entrenadores de relumbrón, pero contando con que la deuda del club, de unos 5 millones, la pagaran las administraciones públicas, cosa que finalmente no ocurrió y acabó con la liquidación del CB Girona.

La financiación de algunos clubs gracias a las cajas de ahorro aparentemente seguirá en condiciones muy similares a las actuales, aunque con tendencia a la baja. Los clubs de Málaga y Sevilla que forman parte de la obra social de Unicaja y Cajasol, respectivamente, parece que de momento no se van a ver afectados por la reordenación del sector, ya que el proyecto de la gran caja andaluza ha sido sustituido por la fusión de Unicaja con las cajas de Jaén y Córdoba, lo que evita una situación de incompatibilidad de dos clubs de una misma competición pertenecientes a un mismo propietario. Por otro lado, afortunadamente ninguna de las cajas más afectadas por el incremento de la morosidad tiene presencia importante en ningún club ACB, y aunque los procesos de fusiones regionales de cajas pequeñas puedan afectar a algunos acuerdos de patrocinio, en ningún caso se trata de acuerdos de patrocinio principal o de primer nivel.

En definitiva, aunque en puridad no se pueda afirmar que el baloncesto profesional sea una actividad económicamente sostenible, y la situación de algunos clubs sea realmente difícil, parece que de momento la mejor liga de Europa tiene, en su conjunto, unas fuentes alternativas de financiación lo suficientemente variadas y "fiables" para que el inevitable ajuste a la baja no haga peligrar su viabilidad y su privilegiada posición relativa en Europa. No obstante, existen problemas serios, como el déficit estructural generado por el sistema de liga abierta, con ascensos y descensos, pero esta cuestión será objeto de otro artículo.
Fernando Martín es economista experto en baloncesto

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