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El mejor argumento nunca fue empleado

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Seguíamos con el máximo interés la comparecencia del ex ministro Acebes en la comisión del Congreso y esperábamos que desde los primeros minutos se le oyera exponer su mejor argumento para insistir en la autoría de ETA, que hubiera sido el de las exigencias técnicas de una investigación criminal. Pero fue en vano. Tenía en su mano un argumento que, a nuestro juicio, era definitivo y no lo empleó. Veamos.
 
Reiteradamente, oímos a quienes dan información sobre algún hecho delictivo todavía en fase de investigación que la información que se puede hacer pública está limitada por las exigencias de la misma investigación, puesto que una información completa podría perjudicar la actuación policial alertando al delincuente para anticipar su huída, para destruir pruebas...
 
En el caso del 11-M es evidente que atribuir desde un primer momento la autoría a ETA no dificultaba la actuación policial en la hipótesis de que aquélla hubiera sido la autora, puesto que en cualquier hecho terrorista en España las autoridades y el pueblo piensan inmediatamente en ETA y ésta lo sabe. Si los autores eran otros terroristas, oír que la policía buscaba a ETA les debía dar alguna calma porque contarían con más tiempo para la huída: la policía no les estaba buscando. Y esto hubiera dado más margen a la policía. Por eso parece como una elemental medida de prudencia policial mantener en secreto la autoría islamista, incluso habiendo sido detectada. Al menos hasta tener las primeras detenciones. El secreto parece una técnica obligada para proteger la acción policial. Este es el argumento que esperábamos de Acebes.
 
Ni siquiera lo mencionó. Seguramente porque ni siquiera se le pasó por la cabeza. ¡Qué lastima!, porque reconocer que hubo ocultación de la autoría islámica por razones policiales hubiera sido la actuación correcta de la máxima autoridad de la Seguridad del Estado. Como no fue así, como fue contando lo que iba sabiendo, se puede concluir que el ex ministro Acebes no estuvo a la altura técnica de su cargo. Le pudo la conmoción y los mandos policiales no adoptaron la más simple medida táctica del secreto y, por ello, no la pasaron al ministro.
 
Ahora bien, no haber recurrido en la Comisión al argumento porque nunca pensó en él ni nunca se lo sugirieron, da la altura moral del ex ministro. La conclusión es muy distinta cuando se aplica este razonamiento a quienes vocearon tan pronto como pudieron, incluso inventándose un suicida, la autoría islámica: su primer interés no era la detención de los culpables, sino la expulsión del PP del Gobierno. Y en esto siguen en la Comisión. Ya está el PP fuera del Gobierno. Ahora el objetivo es que no vuelva nunca.

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