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No somos idiotas

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“Somos idiotas” es el atractivo título de una igualmente atractiva columna que publica Isabel San Sebastián en El Mundo del sábado 3 de julio. Es una reflexión crítica, muy crítica y muy atinada, sobre el anuncio del ministro de Justicia referente la financiación de las clases de religión islámica.
 
Comparto el artículo en todos sus extremos, unos con más rotundidad que otros, pero creo que el nivel en que se mueve esta reflexión es el de puertas afuera. Hay más enjundia dentro. Entiendo que la razón de fondo de esta iniciativa del Ministerio de Justicia no es satisfacer unos hipotéticos y discutibles derechos, sino intentar conseguir un pacto implícito (o incluso explícito, pero secreto) con el mundo islámico, figurar como sus mejores amigos en Europa, en definitiva, volver a la política de Franco, para salvar a España de la amenaza terrorista. La enseñanza del Islam es la oferta que hace el Gobierno español para apaciguar al terrorismo. Es posible que el  Gobierno maneje datos reservados que hagan esta amenaza muy creíble y temible. Si se produjera otro atentado, además de las terribles consecuencias físicas, quedaría reforzada la profunda duda sobre la legitimidad de los resultados de aquellas elecciones, y consiguientemente del Gobierno, tras el atentado del 11 M.
 
Las tropas volvieron de Irak antes de lo prometido por Rodríguez Zapatero porque ese regreso era una muy eficaz baza electoral para las elecciones del 13-J. Pero las prisas también tendrían mucho sentido si el Gobierno hubiera sabido algo sobre posibles atentados islamistas. Ahora el PSOE va a hacer todo lo posible por responsabilizar al Gobierno anterior por negligencias en la prevención de los atentados. El Gobierno actual tiene que evitar a toda costa que algo semejante le pueda caer. La retirada fue un mensaje claro a los islamistas fanáticos: los españoles no tenemos nada que ver con esa guerra.
 
La amenaza del terrorismo islámico sigue en pie para toda Europa y el Gobierno entiende que la mejor manera de anularla es dar pasos en la apertura hacia el Islam, avanzando incluso por delante de los otros Estados europeos, dejando en mal lugar —dicho sea en sentido irónico— al Estado laico francés que tanto citan como ejemplo. El Gobierno sabe lo que hace: ceder mientras sea posible ante el terrorismo, como está cediendo ante otras demandas políticas. El Gobierno podría decir a los españoles: esto lo hacemos porque no queremos problemas, lo hacemos precisamente porque NO SOMOS IDIOTAS: es el pago de lo equivalente a un impuesto terrorista.
 

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