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Suflé, vaselina y mucha tierra

Obviamente el 3 % –sospechamos que eso es muy poco y casi, si lo supiéramos con certeza, podríamos resignarnos– sale de nuestros bolsillos, porque el contratista no va a pagarlo de los suyos

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Ya hemos oído las recomendaciones de los catalanes: esperar a que se enfríe el suflé, poner algo de vaselina... y ¡pelillos a la mar! Estos partidos tienen que entenderse entre ellos porque les va la vida. ¿Y para los que no estamos en los partidos? Tierra, mucha tierra, toda la que haga falta, para que la corrupción ni se vea ni se huela, a lo más que se sospeche. Eso sí que no nos lo pueden quitar: siempre nos queda el derecho a la sospecha de que nos están sacando el dinero del bolsillo. Obviamente el 3 % –sospechamos que eso es muy poco y casi, si lo supiéramos con certeza, podríamos resignarnos– sale de nuestros bolsillos, porque el contratista no va a pagarlo de los suyos: se encarece la obra o se roba en su ejecución. Es como un impuesto de los partidos, algo mucho más sutil que el impuesto revolucionario de la ETA, porque nos lo sacan, aunque no queramos, sin amenaza directa.
 
Así están las cosas. ¿Qué va a pasar respecto a la corrupción de los partidos en Cataluña? Nada. Ya sabemos que el responsable de Filesa (no, desde luego, el máximo responsable), después de salir de la cárcel ha recibido un cargo en el PSC. ¿Qué va a pasar en España? Nada. Mientras los partidos mantengan la cantidad de poder que actualmente administran, mientras estemos en una partidocracia pura y dura, están a salvo de las protestas que algunos hacemos desde la sociedad civil, porque disponen de toda la cantidad de tierra necesaria para enterrar los conflictos que puedan amenazarles. Hasta tanto llega el poder de los partidos.
 
Ahí va a seguir ese poder mientras no cambie la presente estructura partidocrática. ¿Dónde está la fuente del poder de los partidos? En el control que tienen sobre el sistema electoral. Conclusión: mientras no se cambie el sistema electoral, va a seguir vigente el sutil impuesto de los partidos, del cual lo peor no es la carga económica sino la carga de inmoralidad que inyecta en la sociedad. Ahora algunos partidos ofrecen desbloquear las listas. Como el Gatopardo, están dispuestos a cambiar para que todo siga igual. Esa reforma y otras que propongan son inocuas mientras no les reduzcan en serio el control que ejercen sobre el sistema electoral. Los que no queremos resignarnos a la partidocracia, tenemos que pensar en otro sistema electoral. Es hora de que se abra el debate sobre un nuevo sistema electoral en la sociedad civil, fuera de los partidos. ¿Quién se apunta?

Fernando Prieto es profesor de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid.

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