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Fernando Serra

El IVA contra la pobreza

la última ocurrencia de nuestro insigne presidente encierra tres sublimes desatinos en una sola propuesta

Fernando Serra
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ZP lleva año y medio al frente del Gobierno y durante este tiempo no hemos tenido más remedio que acostumbrarnos a escuchar sandeces como que estamos en Afganistán por la misma razón que nos hemos ido de Irak, que el matrimonio entre homosexuales es un derecho, que poco importa denominar nación a una comunidad autónoma o que existen otras civilizaciones con las que debemos establecer alianzas. Pero al menos hasta ahora escuchábamos las necedades de una en una con lo que la sensación de vergüenza ajena era más soportable. Al parecer, debemos habituarnos a una dosis mayor porque la última ocurrencia de nuestro insigne presidente encierra tres sublimes desatinos en una sola propuesta. Según nos cuenta el diario Expansión, Zapatero propondrá este miércoles ante la Asamblea de la ONU que los países ricos –EEUU, los Quince de la UE y Japón– eleven dos décimas el “impuesto de carácter general sobre el consumo”, es decir, el IVA, para lograr así unos 50.000 millones de euros al año que se dedicarán al desarrollo de los países atrasados. Pero no queda aquí la genial idea porque, además, este fondo contra la pobreza se completaría con otras aportaciones procedentes de los países europeos que reciben ayudas netas, y en proporción a la cuantía de éstas, procedentes de la Política Agraria Común (PAC), con lo que España sería, después de Francia, el país más generoso.
 
Debe pensar Zapatero que los impuestos suponen solamente quitar dinero a los contribuyes que los pagan y entregar luego la cantidad recaudada a los beneficiarios de las prestaciones. Y que, al fin y al cabo, 50.000 millones de euros para los ricos consumidores europeos, norteamericanos y japoneses es una cantidad insignificante si la comparamos con lo que puede representar para los más pobres del planeta. Sin embargo, la importancia de un impuesto no es tanto la cantidad confiscada ni la recibida sino los cambios de conductas que provoca. Y cuando se trata de una subida impositiva como en este caso, lo trascendental es que se cohíben comportamientos o, como dicen los economistas, se producen costes de oportunidades ya que el consumidor, al contar con menos renta disponible, consume, ahorra e invierte menos. Y ello afecta sobre todo a los sectores más desfavorecidos porque al contar con menos dinero en el bolsillo, muchos mantendrán un cierto nivel de consumo básico pero dejarán de ahorrar e invertir, las actividades que más rápidamente ayudan a promocionar. Pero la medida tiene además dos condicionantes que la convierte en especialmente disuasoria de la actividad productiva. Se trata, por un lado, de subir un impuesto indirecto como es el IVA, es decir, que se aplica antes de generar riqueza, lo contrario de lo que hacen los directos que gravan rentas o beneficios empresariales, y para colmo supone un incremento añadido a una ya altísima presión fiscal, con lo que el coste marginal de conlleva es mucho mayor que esas dos décimas que dice Zapatero.
 
Pero igual que empeora las conductas de los que soportan el incremento impositivo, también los que reciban lo recaudado verán que sus incentivos son modificados y consecuentemente sus comportamientos, siendo esto lo importante y no los 50.000 millones de euros recibidos. Por mucho que se empeñen los que quieren solucionar la pobreza mediante ayuda externa, algo que por otra parte nunca ha sucedido porque ningún país hoy rico recibió recursos del exterior, las personas de los países deprimidos responden a los mismos estímulos que los habitantes de los países desarrollados. En efecto, la clave del desarrollo es vivir en unas condiciones de seguridad y estabilidad institucional suficientes para que los individuos estimen que pueden obtener en el futuro un rendimiento mayor de lo que renuncian a consumir en el presente. O dicho con otras palabras, sólo ahorrarán si consideran que el beneficio futuro será mayor que el sacrificio presente. Y, como nos enseña la ley de preferencia temporal, mayor será el incentivo para actuar de esta manera, cuanto más grande sea la diferencia entre los bienes presentes y los que previsiblemente se obtendrán en el futuro. La ayuda externa, o más bien la parte que de ella queda tras ser esquilmada por gobiernos corruptos y por esa red de organizaciones tan poco transparentes como son las ONG, consigue efectivamente incrementar los bienes presentes pero reduce la diferencia con relación a las expectativas futuras y, por tanto, también el interés por el ahorro.

La aguda propuesta de ZP se completa con unos ingresos procedentes de las ayudas de la PAC. La idea es realmente genial porque pretende paliar la pobreza con un instrumento como es la PAC que contribuye como pocos a perpetuar la miseria de los países limítrofes a la UE. En efecto, las principales víctimas de este sistema totalmente intervenido son los agricultores de los países poco desarrollados que no pueden aprovechar las ventajas comparativas de sus explotaciones ya que la PAC bloquea el comercio exterior. Este sistema supone además una descomunal transferencia de rentas porque, en la UE de los Quince, 380 millones de personas pagan con sus impuestos unos 40.000 millones de euros a siete millones de agricultores, 900.000 españoles, lo que obliga a mantener una mayor presión fiscal y, sobre todo, un incremento artificial de los precios agrícolas, cerca de un 20 por ciento más del nivel que existiría en un mercado agrario abierto a la competencia internacional. Se calcula que este diferencial de precios supone unos 100.000 millones de euros que resultan especialmente gravosos a los consumidores europeos con menos capacidad adquisitiva ya que sus cestas de alimentos representan una cantidad mayor con respecto a todo su gasto familiar.
El gran economista Peter Bauer dijo que la ayuda externa es un excelente método para que los pobres de los países ricos transfieran dinero a los ricos de los países pobres. Como la propuesta de ZP encierra tres actuaciones que tienen todas ellas consecuencias contrarias a las buscadas, es de temer que el nefasto resultado de esta regla se elevaría al cubo. En temas económicos este Gobierno debería seguir haciendo lo mismo que ha hecho hasta ahora, es decir, no tener ideas y no tomar ninguna iniciativa porque gracias a ello la situación sigue siendo buena. Esperemos que también esta ridícula idea de Zapatero quede pronto en el olvido, al menos así los países pobres no empeorarán.

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