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San Bernardino de Siena, entre comerciantes y sodomitas

Tenía, además, San Bernardino una curiosa idea sobre este tema, que hoy sería considerada, sin duda, como políticamente incorrecta. En su opinión, el número de sodomitas que había en Italia era mucho mayor que el que existía en otros países.

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Uno de los grandes pensadores de la escolástica bajomedieval fue, sin duda, Bernardino degli Albizzeschi, que pasaría a la historia como San Bernardino de Siena. Nacido el año 1380 en Massa, pertenecía a una familia noble y su padre era el gobernador de su ciudad de origen. Pronto quedó huérfano, sin embargo, y fue educado por una de sus tías. Tenía veintitrés o veinticuatro años cuando entró en la orden franciscana de la que, con el paso del tiempo, llegaría a ser vicario general en Italia. Pronto destacó en ella tanto por su inteligencia como por sus méritos como predicador, profesión que parece que constituía su auténtica vocación. Fue un orador excepcional. Sabemos que mucha gente escuchaba sus sermones, viajando para ello de unas ciudades a otras si era necesario. De hecho llegó incluso a renunciar hasta en tres ocasiones a un obispado para no interrumpir su actividad como predicador. Falleció Bernardino en 1444. Pinturicchio dedicó a su entierro un excelente cuadro, en el que el santo aparece con su imagen de hombre enjuto y de rasgos afilados, con la que fue representado también, entre otros por Jacopo Bellini

Muchos escolásticos se ocuparon del estudio de problemas económicos, porque éstos planteaban cuestiones morales no siempre fáciles de resolver. En la Italia de los primeros años del siglo XV el desarrollo mercantil de las ciudades del norte era ya considerable; y muchas prácticas comerciales chocaban con los planteamientos conservadores de buena parte de la doctrina de la Iglesia católica, que tenía problemas para legitimar determinados tipos de contratos o prácticas tan básicas como el préstamo con interés. En este marco la aportación de san Bernardino fue muy importante. Su obra económica más representativa, por la que ha pasado a ocupar un puesto relevante en la historia de las ideas económicas, es una serie de catorce sermones, agrupados bajo el título general de "Sobre los contratos y la usura". En estos escritos nuestro personaje desarrolló algunas de las ideas de Santo Tomás de Aquino sobre el precio justo y las relaciones entre el precio y el valor de una mercancía. Defendió la propiedad privada e hizo mucho por rehabilitar la figura del comerciante –muy criticada desde el punto de vista de la ética en la Edad Media– insistiendo en los beneficios que toda la sociedad derivaba de su actividad. Por otra parte, el gran estudioso del pensamiento económico escolástico Raymond de Roover ha llamado la atención sobre uno de los sermones de nuestro franciscano en el que se analiza, seguramente por vez primera en forma sistemática, el papel que desempeña en la economía la figura del empresario; y en el que se anticipan muchas ideas sobre sus características y funciones, que serían desarrolladas por la literatura económica sólo siglos más tarde. El empresario –decía san Bernardino– debe ser eficiente, aceptar las responsabilidades que su actividad conlleva, ser un gran trabajador y estar dispuesto a asumir riesgos. En resumen, su obra económica es muy estimable, dado el momento en el que fue escrita; y ejerció, además, no poca influencia en pensadores posteriores, empezando por su discípulo directo, San Antonino de Florencia.

Pero no sólo de economía hablaba San Bernardino. En sus "Prédicas vulgares en el Campo de Siena", se encuentra un fascinante sermón titulado "Abominabile peccato della maledetta soddomia", expresión que no parece necesario traducir al español. No está muy clara la razón por la que a nuestro santo esta maledetta soddomia le preocupaba tanto. Pero seguramente tenía algo que ver con su propia actividad de predicador itinerante, lo que le hacía coincidir en muchas ocasiones con comerciantes que estaban mucho tiempo fuera de casa, en un ambiente de hombres solos poco recomendable. Y se cuenta que, en sus años jóvenes, llegó a pegar de puñetazos a uno de estos tipos que pretendía ir con él más allá de lo aceptable.

Tenía, además, San Bernardino una curiosa idea sobre este tema, que hoy sería considerada, sin duda, como políticamente incorrecta. En su opinión, el número de sodomitas que había en Italia era mucho mayor que el que existía en otros países. "Oh Italia –clamaba el fraile– cuánto más contaminada estás que otras provincias". Y para picar el amor propio de sus paisanos añadía: "hablad con los alemanes y escucharéis las hermosas cosas que dicen de los italianos. Dicen que no hay pueblo en el mundo en el que haya más sodomitas que en Italia".

En 1450, sólo seis años después de su muerte, Bernardino de Siena fue canonizado. No creo que a los sodomitas les gustara.

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