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Desarrollo insostenible

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Un sistema capitalista de mercado libre produce siempre un desarrollo sostenible. Los recursos naturales se utilizan si es económicamente viable hacerlo. Cuando un recurso escasea su precio tiende a incrementarse, lo cual puede conducir, según cómo evolucione su demanda, a que se dediquen más medios para su obtención, a que se utilice de forma más eficiente sólo para los fines más valiosos o a que se abandone su uso y sea sustituido por otras alternativas más competitivas.

La acumulación de capital y el desarrollo continuo de las tecnologías de producción incrementan la eficiencia y la productividad del trabajo humano y liberan a las personas de la dependencia de los a menudo imprevisibles ciclos naturales de regeneración. El hombre no sólo consume como un parásito o depredador, sino que contribuye de forma activa a la generación de vida. Más población humana no significa necesariamente más problemas.

En una sociedad auténticamente libre los residuos, basuras y todo tipo de sustancias tóxicas indeseables son tratadas de forma adecuada para no agredir a los demás. No se trata de que el que contamine pague al estado (el cual permite que unos vean deterioradas sus condiciones de vida para beneficio de otros), sino de que nadie pueda violar impunemente la propiedad ajena. Una sociedad inteligente utiliza el conocimiento científico de forma crítica y consciente, sin dejarse alarmar por agoreros catastrofistas.

El desarrollo es insostenible cuando es manipulado de forma coactiva por políticos demagogos y burócratas aferrados a sus privilegios. Los problemas del mundo actual se deben a los obstáculos estatales a la legítima asignación de derechos de propiedad y al funcionamiento de los mercados. Los aranceles y los subsidios proteccionistas (agricultura, industria siderúrgica, maderera, textil, etc.) sirven para mantener trabajadores ineficientes y actividades no competitivas (es decir, no sostenibles), beneficiando a unos pocos a costa de muchos.

El uso del agua potable, hace tiempo un recurso prácticamente inagotable, debe racionalizarse privatizando su control y permitiendo su compraventa a precios de mercado. Es absurdo que los agricultores obtengan agua a precios irrisorios mientras que algunas personas sufren restricciones para su consumo. Depender de la lluvia es arriesgado, como demuestran las sequías, y la desalinización del agua marina es a menudo una alternativa económica. Las instituciones públicas gestoras de recursos hídricos despilfarran el agua de forma sistemática, pero el estado aún tiene la desfachatez y la estulticia de pedir a los ciudadanos que ahorren agua cuando no pagan apenas nada por ella. Los precios de mercado son señales e incentivos adecuados para el uso eficiente de cualquier bien, pero los colectivistas en el poder se niegan a aceptarlo, porque va en contra de sus ideas absurdas y les quita su poder de decisión en nombre de los demás.

Los recursos pesqueros se agotan porque no se aplican los derechos de propiedad. Los seres humanos ya no son mayoritariamente cazadores y recolectores, sino ganaderos y agricultores. Lo mismo debe hacerse con los recursos marinos.

Las fuentes de energía a disposición de los seres humanos son variadas y abundantes. La contaminación real debe evitarse, pero es absurdo confundir gases de efecto invernadero (que tienen efectos aún no bien conocidos sobre el clima) con gases contaminantes, tóxicos para los seres humanos. Es irresponsable condenar a millones de personas a la pobreza por falacias ampliamente divulgadas como un presunto calentamiento global que es más mito que realidad. En cualquier caso el mercado libre, creativo y adaptativo, es la mejor respuesta ante los cambios en las condiciones de la naturaleza.

La ciencia económica muestra un problema más, de carácter extremadamente importante y fundamental, para que el desarrollo sea sostenible. Mientras que sean los estados quienes manejen el dinero y el crédito, la manipulación artificial de los tipos de interés confundirá a ahorradores, inversores y empresarios, comenzando proyectos que a la larga no serán sostenibles por falta de rentabilidad, lo cual llevará a crisis generalizadas, liquidaciones, pérdidas y desempleo: el ciclo económico, del cual se suele culpar de forma errónea a la irracionalidad de los mercados. Las causas del ciclo económico son conocidas por los auténticos economistas, pero los políticos, deshonestos e ignorantes, nunca harán caso: el poder de la emisión de moneda a cambio de nada es gigantesco y no es fácil renunciar a él.

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