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Memeces contra la libertad de expresión

Una forma de conseguir que se propaguen falacias, errores y falsedades es pedir diversidad: así los necios como Navarro pueden intentar colar su colectivismo nocivo.

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Vicenç Navarro, catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra, cree que "uno de los mayores problemas que tiene la democracia española es la muy limitada diversidad ideológica que existe en los medios de información de mayor tiraje del país". Y para demostrarlo nos indica que "es mucho más fácil encontrar artículos críticos sobre Chávez en los mayores medios venezolanos, que favorables a tal dirigente venezolano en los medios de mayor difusión en España", por lo que "puede deducirse que hay mayor diversidad ideológica y libertad de prensa en Venezuela que en España". Cuando terminen sus carcajadas o se repongan del espanto pueden seguir leyendo.

Esa deducción puede hacerse si uno tiene una seria tara mental que le impide pensar con un mínimo de rigor. Este agudo detective no considera la posibilidad de que los periodistas españoles están lejos de las garras del gorila rojo y pueden ser objetivos. La libertad de prensa puede permitir a cada uno publicar lo que quiera, pero si un periódico tiene un mínimo de vergüenza intentará escribir o decir la verdad: y Hugo Chávez es un sujeto más bien populista, siniestro e indeseable. No sorprende que en Venezuela tenga múltiples lacayos que le lancen alabanzas, y buen mérito tienen los que allí lo critican, ya que él se encarga de censurarlos, cerrar sus empresas o amenazarlos con el poder coactivo de sus matones.

Si sólo se comunica la verdad los mensajes de los medios de comunicación pueden llegar a ser muy uniformes. Una forma de conseguir que se propaguen falacias, errores y falsedades es pedir diversidad: así los necios como Navarro pueden intentar colar su colectivismo nocivo. Pero la libertad de expresión no consiste en protestar porque no se publican suficientes estupideces de variadas estirpes ideológicas socialistas.

Juan Francisco Martín Seco denuncia el "expolio de la televisión pública". Han leído bien: no protesta porque se confisque su propiedad a los contribuyentes para financiar esa televisión colectivista; le parece mal que se le prive de los ingresos de la publicidad. Y es que "Tantos años de neoliberalismo nos han hecho olvidar verdades elementales como la primacía de lo público sobre lo privado. Lo público, lo que es de todos los ciudadanos, nunca compite; debe tener un lugar prioritario y hegemónico sobre lo privado. Los intereses privados deben estar supeditados a los públicos. Así lo afirma nuestra Constitución". Hemos disfrutado tantos años de liberalismo y los liberales no nos hemos enterado, qué lástima. Martín Seco nos recuerda que los individuos estamos a merced del colectivo y el Estado, que nos domina y no se molesta por competir en su oferta de servicios, la impone sin más delicadezas. ¿De dónde saca estas verdades elementales? Seguramente para él son obvias y además lo dice la Constitución: no indica en qué artículo, tal vez sea una interpretación suya algo sesgada.

Y es que si no hay publicidad para todos, "puestos a desaparecer, serán las privadas las que tengan que hacerlo". Y que se fastidien, que el mando ha hablado: "¿Para qué se necesitan treinta canales? ¿Por qué tienen que existir cuatro cadenas privadas en abierto?". ¿Para qué la libertad de expresión? ¿Para qué la libertad de empresa? Si ya se encarga de todo papá Estado asesorado por sabios benevolentes como Martín Seco, que tiene un gusto televisivo exquisito contra algunos canales privados que "lo único que emiten es bazofia".
Francisco Capella es director del área de Ciencia y Ética del Instituto Juan de Mariana, creador del proyecto Inteligencia y Libertad y escribe regularmente en su bitácora.

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