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Esta investigación pionera ha permitido aplicar las técnicas más avanzadas del siglo XXI a un misterio del siglo XIX.

Francisco Pérez Abellán
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El Proyecto Prim ha colocado a la ciudad de Reus, al hospital universitario Sant Joan y a las universidades Camilo José Cela y Rovira Virgili a la cabeza de la investigación académica.

El pasado fin de semana se llevó a cabo un examen anatomopatológico del cuerpo embalsamado del general Prim en el hospital universitario Sant Joan de Reus, uno de los más modernos y avanzados de España, para hacer un retrodiagnóstico criminológico que determine si, aquel 27 de diciembre de 1870, el general, primer presidente catalán del Consejo de Ministros, recibió heridas incompatibles con la vida y falleció en el acto o si, por el contrario, fue herido leve y murió de una infección a los tres días, como inventaron en pleno franquismo.

Esta investigación pionera ha permitido aplicar las técnicas más avanzadas del siglo XXI a un misterio del siglo XIX, con el equipo de antropólogos forenses de la Comisión Prim que me honro en presidir, liderada por la Universidad Camilo José Cela, y los grandes profesionales sanitarios de la ciudad de Reus.

En torno a la muerte de Prim se han dado por buenas una serie de leyendas y mentiras difundidas en su día por partes interesadas. El sumario judicial ha permanecido olvidado durante décadas, y se pueden contar con los dedos de la mano los historiadores que lo han consultado. En cuanto a la bibliografía, unos y otros se copiaban unas historiadas falseadas en su día por escritores sectarios o incluso imputados como presuntos asesinos del general.

Si Prim hubiera muerto en el acto, o a las pocas horas, tendríamos que sus asesinos guardaron el secreto hasta que lograron el control de sus objetivos. En la historia hay indicios de que el general "conspirador" (así lo califica el historiador reusense Pere Anguera en la biografía que le dedicó en 2003), efectivamente, murió en el acto, y que fue suplantado en una serie de decisiones. Respecto a los numerosos testimonios de quienes supuestamente hablaron con él estando herido, lo cierto es que el Poder no dejó que nadie lo viera una vez producido el atentado, ni siquiera al juez instructor de la causa.

Los juristas, criminólogos, historiadores y médicos que intervienen en la Comisión Prim lo hacen por amor a la investigación (sólo con la I+D conseguiremos salir de la crisis), y de forma desinteresada en lo económico. Tratan de que podamos entender mejor nuestra propia historia.

Quiero destacar también la labor de los estudiantes de Criminología y Medicina que están tomando parte en el proyecto. Ahí estuvieron cuando pasamos el contenido del maletín CSI –que forma parte del material que se procura a los doctorandos en Criminología por la UCJC– por la ropas que llevaba Prim y por el coche en el que iba cuando fue atacado, que se guardan en el Museo del Ejército de Toledo.

Esta gran aventura, que protagonizan eminencias como los doctores forenses Delfín Villalaín, Marimar Robledo, José Antonio Lorente y Aitor Curiel, y que coordina el prestigioso sociólogo Miguel Ángel Almodóvar, secretario de la Comisión Prim, ha sido posible gracias a un político con coraje y preclara inteligencia: Carles Pellicer, alcalde de Reus. Gracias, señor alcalde. La investigación académica necesita de apoyos e impulsos como el suyo.

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