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Los fantasmas de Lucio Gutiérrez

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Es indudable que el factor determinante del camino que seguirá la administración de Lucio Gutiérrez en el Ecuador depende de la “estructura mental” del presidente. Es decir, de su escala de valores, su preparación académica, sus experiencias personales, las enseñanzas de sus maestros y de las personas que admira.

El nuevo presidente del Ecuador desde el 15 de enero saltó a la palestra pública el 21 de enero de 2000, cuando conjuntamente con líderes indígenas derrocó al presidente Jamil Mahuad. Gutiérrez había tenido, hasta entonces, una impecable carrera militar y varias carreras universitarias.

Pero su formación militar conforma sólo a uno de los dos Lucios que conocemos. El Lucio I, es el del golpe del año 2000 y el de la primera vuelta, el del discurso rebelde, el que se apoyó en Pachacutik (el brazo político de las organizaciones indígenas), el MPD (el partido marxista-leninista) y la Unión Nacional de Educadores (el sindicato de maestros bajo dirigencia comunista). Los fantasmas que atemorizan a un buen segmento de los ecuatorianos nacen de la retórica de Lucio I.

También existe un Lucio II, el de la segunda vuelta electoral, el que tuvo que necesariamente moverse hacia el “centro político” para ganar adeptos menos radicales. El que ha nombrado a dos banqueros de corte ortodoxo en puestos claves de su administración. No podemos ignorar su entrenamiento militar. Es un entrenamiento jerárquico, de obedecer cuando se está en rangos inferiores, para luego mandar. El entrenamiento militar exige la “planificación” y para poder ejecutar planes es importante la disciplina.

Varios allegados al presidente, entrenados en las ciencias militares, piden que una de las primeras acciones del nuevo gobierno sea la creación de una superagencia de planificación, unificando el antiguo CONADE, el CONAM y COSENA. No se dan cuenta que todos los países que han intentado la planificación central fracasaron, tales como Cuba, Corea del Norte y China comunista. La razón es que la planificación gubernamental automáticamente desplaza la iniciativa privada, verdadera semilla de la prosperidad económica.

Tampoco podemos ignorar el espíritu rebelde del coronel golpista. Sus aliados fueron los indígenas, los movimientos sociales, aquellos conocidos por su retórica de lucha de clases, de revanchismos, de resentimientos ancestrales. Son cimientos de su rebeldía las injusticias cometidas contra los indígenas y también los fracasos de la dirigencia política ecuatoriana. Pero el problema de la rebeldía radica en “cómo canalizarla” y aquí surgen nuevos fantasmas.

Cuando se habla de “organizar” a las tropas (al pueblo) en asambleas populares (como lo proponen los movimientos de izquierda), hay que tener muy en cuenta que son grupos de choque, como los “círculos bolivarianos” o los comités de defensa de la revolución cubana. No sólo promueven la “identidad nacional” a través de la autoestima y fomentando la participación cívica, sino que en un momento determinado estos grupos invaden municipios, haciendas y empresas, cierran carreteras y organizan paros para exigir que se “cumpla con el plan”.

Recordemos que durante el levantamiento indígena de 1990 ocurrieron muchos desmanes ampliamente reportados por la prensa. Mestizos, dueños de haciendas y tenderos fueron sacados de sus casas, bañados en agua helada y vejados. Hubo matanzas de ganado y robo de mercadería. ¿No es de esperar que estas “asambleas populares” terminen reivindicando sus posiciones de la misma manera? ¿Saldrá el Lucio II a imponer el orden, a hacer cumplir la ley y a defender los derechos a la propiedad privada o acaso será el Lucio I quien ignore alegremente el vandalismo y los saqueos?

Es posible que durante conversaciones con sus nuevos allegados haya cambiado su percepción de la realidad y su verdadera estructura mental sea la de Lucio II. Pero cuando confronte dificultades en el Congreso, cuando los municipios y otros gobiernos locales no estén dispuestos a ceder posiciones o los empresarios se sientan afectados por sus “planes” y protesten, ¿aflorará su espíritu rebelde y sus ansias insatisfechas de cambio? ¿Renacerá el impulso del militar “desobedecido”? ¿Aparecerá entonces el “chavismo venezolano” en el Ecuador?

Franklin López Buenaño es economista ecuatoriano y profesor de las universidades de Tulane y Nueva Orleans.

© AIPE

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