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La inexistencia de los españoles

Más de 3.300.000 ciudadanos españoles están sin trabajo en una nación que –y eso ningún partido se lo plantea– soporta una capa funcionarial insostenible. A semejante aparato hemos de añadir la fragmentación del mercado laboral.

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Enzarzados en una grosera pugna en la que la crítica ad hominem constituye el método habitual con el que se dirimen asuntos de todo tipo, el Gobierno y el "principal partido de la oposición", acompañados del resto de partidos que tienen asiento el Congreso, nos obsequiaron hace unos días con otra sesión parlamentaria que tuvo los aderezos habituales.

Nuestro presidente, maestro del histrionismo y la propaganda, mostró su "lado más humano". Compungido el gesto, el comprensivo Rodríguez Zapatero, dijo conocer muy bien las dificultades por las que atraviesan muchas familias de "ciudadanos", palabra omnipresente en sus discursos.

He aquí una de las constantes de este Gobierno. Los antaño españoles, se han convertido en ciudadanos. Para un presidente que reconoce la existencia de varias naciones dentro de España, no hay duda –faltaría más– de que existen gallegos, catalanes o vascos. Que existan españoles es ya harina de otro costal, porque, de existir, ¿dónde habitarían? ¿Acaso en una España residual? La existencia de los españoles, y de la misma España, compromete seriamente el estatus nacional de Cataluña, Galicia o Vascongadas. Y es que, por poco que se sepa de geometría, la nación de naciones es una idea tan absurda como el círculo cuadrado.

Elude Zapatero la palabra españoles, acaso porque, al igual que le ocurre a Llamazares con la N de RNE, le trae desagradables evocaciones. Desagrado, en todo caso, indocto, pues la idea de nación política tiene muchos más de 70 años.

Son esos mismos españoles los que ahora sufren la crisis. Más de 3.300.000 ciudadanos españoles están sin trabajo en una nación que –y eso ningún partido se lo plantea– soporta una capa funcionarial insostenible. A semejante aparato hemos de añadir la fragmentación del mercado laboral que supone un Estado autonómico cuyo desarrollo ha ido en paralelo a la pérdida de la igualdad de oportunidades entre españoles que ven alzarse barreras propias del feudalismo.

En DENAES no disponemos de recetas mágicas que ofrecerle al Gobierno para salir de una situación que, de persistir, no dudamos hará aflorar la cruda realidad que se esconde tras los mitos del fundamentalismo democrático y el diálogo constante. No obstante, estamos convencidos de que las aludidas barreras y la negación de España, no son sino enormes obstáculos agravan aún más la crisis económica en la que nos hallamos sumidos. Una economía que, sin duda, es política, y cuya plataforma es indudablemente la Nación. Es decir, España.

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