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Olav y el porvenir de España

En el Colegio Cervantes de una localidad ibicenca se impide, en efecto, el acceso de sus alumnos a la lengua de Cervantes: ésta es la realidad generalizada del "bilingüismo" y la "cooficialidad" en España.

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En una entrevista realizada a Menéndez Pidal el 26 de octubre de 1931 en el periódico La Voz, el gran filólogo era preguntado acerca del porvenir del español en el contexto de la "descentralización política" impulsada desde la Segunda República, recién implantada, y que llevaba a la potenciación de las lenguas vernáculas regionales:

¿El castellano puede temer algo de esta orientación descentralizadora, que dará más vida a los otros idiomas españoles?

Pidal respondía así, ahora ya podemos decir que con total ingenuidad, a una pregunta que, de hecho, ya estaba algo envenenada por parte del periodista (al confundir en ella el gentilicio "español" con la lengua):

Aunque los destinos del castellano se ventilasen sólo dentro de la Península, el robustecimiento de una lengua regional hablada por dos millones y medio, o de otras habladas por poco más de dos millones y de medio millón, no podrían influir en el desenvolvimiento de la lengua hablada como única por 17 millones. Pero es que además los destinos del español son mundiales, de 93 millones de hombres, cada vez más unidos por la actividad de la Prensa, de la telecomunicación y de los viajes rapidísimos; 93 millones en indecible capacidad de crecimiento, ya que ocupan un territorio mucho mayor que Europa. ¿Qué puede afectarle a este idioma el pequeño episodio del muy plausible cultivo de las lenguas regionales?

Al idioma no le importa nada; pero sí puede importarle mucho esto a la nación si no se encauza esa descentralización. Yo espero que una vez removidas para siempre las insensatas prohibiciones que pesaron últimamente sobre el catalán, reconocida a esta lengua toda su dignidad y todo su alto valor, los catalanes, como decía el Sr. Campalans, cultivarán más y con más amor la lengua que nos une a todos los españoles y que nos une a los españoles con medio mundo.

Si actualizamos las cifras, siendo así que esos 17 millones de los que habla Pidal son ahora 40 millones, y los 93 se han convertido en 400, obtenemos en efecto una prueba irrebatible de la fortaleza del español y de lo poco que le afecta el proceso de "descentralización". Ahora bien, si las actualizamos por el otro lado, por el lado nacional, vemos que el impulso de las lenguas vernáculas en diversas regiones de España, tras convertirlas en "cooficiales", está resultando completamente antisocial.

El caso Olav, y muchos otros que no han saltado a los medios de comunicación, pone de manifiesto en efecto la ingenuidad de Pidal en este punto (ingenuidad relativa, porque hay mucho de irónico en su posición): el odio a "la lengua que nos une" –y precisamente por ello, es decir, por el carácter nacional de la lengua española– está cada vez más extendido y generalizado en dichos ámbitos regionales, recibiendo el español en ellos un trato peor –aun siendo oficial– que una lengua extranjera y sabiendo que si se mantiene no es para potenciarla, sino para despreciarla. Y para despreciarla no por lengua, sino por nacional. Es el porvenir de la nación española, y no el del español, lo que está en cuestión al obstaculizar o directamente impedir la enseñanza de la lengua común.

En el Colegio Cervantes de una localidad ibicenca se impide, en efecto, el acceso de sus alumnos a la lengua de Cervantes: ésta es la realidad generalizada del "bilingüismo" y la "cooficialidad" en España.

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