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Oportunidad histórica para España

El panorama que se presenta por delante será probablemente el de un Gobierno autonómico en minoría, presidido por López (que ya ha anunciado que no quiere "frentes") con apoyos puntuales.

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Desde luego, la salida inminente del BNG del Gobierno autonómico gallego y la posibilidad de un desalojo del PNV en el Gobierno de la comunidad autónoma vasca, representan un resultado por el que, sin duda, la nación española sale reforzada. Si la salida del PNV, en efecto, se consuma, ninguno de los grupos secesionistas responsables de la Declaración de Barcelona, firmada en el año 1998, detentarían ninguna responsabilidad de Gobierno autonómico, lo cual es, en principio, una gran noticia para los intereses de la nación (sólo ERC, que no es firmante de aquella declaración, continuaría con esa labor desestabilizadora).

Ahora bien, y en buena medida como resultado de la actividad gubernamental autonómica de tales grupos extravagantes, las perspectivas abiertas por la nueva situación no son, sin embargo, tan halagüeñas, en parte porque el trabajo de zapa realizado por tales facciones, y consentido por el resto, ha dado como fruto una situación de blindaje autonómico (con todo lo que ello conlleva) muy difícil de deshacer sin reformas constitucionales (reformas que ningún partido político nacional con representación parlamentaria lleva en sus programas).

Aquí, por supuesto, hay que distinguir entre la situación abierta en Galicia de la de las Vascongadas. En Galicia el PP, con mayoría absoluta, no tiene ningún obstáculo para "deshacer lo andado" por el "bipartito socialnacionalista". Proyectos tales como los de retirar el español de la enseñanza pública para convertirlo en residual (como en Cataluña) parece que serán abortados por el Gobierno in pectore de Núñez Feijóo. Ahora bien, el propio Feijóo reconocía en su momento a Galicia como "nacionalidad histórica", por lo menos desde el punto de vista "legal", decía, siendo así que con tal recurso no parece ser posible desmantelar la taifa autonómica (en el caso de que exista voluntad para ello).

En cuanto al País Vasco, López, quien ya dijo sentirse legitimado para ser lehendakari, manifestó también en su momento "no asustarle" definir al País Vascocomo"nación"siempre, precisó, "en términos de tradición, en términos culturales, en términos de lengua". Sin embargo, con estas premisas, dijo no ser partidario de que la nación vasca se defina "en términos de soberanía excluyente", sino"compartida", abriendo así paso a la idea federalista que la ambigua socialdemocracia proyecta sobre España. En el caso vasco, además, difícil parece un Gobierno autonómico de coalición entre ambos partidos y UpyD, mientras el PSOE continúe con los compromisos adquiridos en el Pacto del Tinell, en cuyo anexo se compromete con ERC y con Iniciativa a no adquirir "ningún acuerdo de gobernabilidad con el PP, ni en la Generalitat ni en el Estado".

Seguramente el PSOE no sacrificará el Gobierno autonómico de Cataluña, ni los apoyos del secesionismo en el Congreso de los Diputados (sin ir más lejos, los Presupuestos de este año se aprobaron, como es sabido, gracias a los votos del PNV) para ganar el País Vasco con una alianza con el PP (que, por cierto, ha bajado en número de escaños). El panorama que se presenta por delante será probablemente el de un Gobierno autonómico en minoría, presidido por López (que ya ha anunciado que no quiere "frentes") con apoyos puntuales. Una situación esta, a nuestro juicio, muy tortuosa desde el punto de vista de la gobernabilidad.

En definitiva, veremos si el entusiasmo manifestado por amplios sectores de la población española tiene razones sólidas para mantenerse o si, por el contrario, termina remitiendo si el citado "cambio" del 1M es de tipo lampedusiano.

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