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Cambio climático: las lecciones aprendidas por el mundo

Alguien tiene siempre que pagar la factura, ya sean las empresas, los consumidores, los contribuyentes o los indefensos políticamente.

Fundación Heritage
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Si no está roto, el gobierno se lo romperá. Ésa parece ser la lección a extraer de otras naciones que han puesto en marcha planes energéticos contra el cambio climático similares a los que Obama propuso recientemente en su Plan de Acción Climática.

· Australia. El impulso del impuesto de Australia al dióxido de carbono está menguando a medida que los costos y las dificultades para administrarlo van causando estragos. Muchas empresas que ya sufrían por la dura situación económica fueron llevadas al límite por unos precios de la energía más elevados, en parte a causa de los mandatos para las energías renovables y el impuesto al carbono. El año pasado, Australia vio cómo quebraban 10.632 empresas, una cifra récord para un solo año. Cerca de una quinta parte de las mismas pertenecían a la gran industria consumidora de energía y la construcción. El servicio de Turismo de Australia también espera que la industria turística pague $155 millones anuales en costos extra por el incremento de los precios de la energía, debido específicamente al impuesto al carbono. Como resultado de ello y con las elecciones de septiembre aproximándose, hay dudas de que el impuesto vaya a sobrevivir mucho más allá de su primer aniversario.

· Alemania. Tras el accidente nuclear de Fukushima (Japón), el gobierno alemán se comprometió a sustituir la energía nuclear por renovables, estableciendo el objetivo de que un 40% de la electricidad de la nación provenga de energías renovables para 2020. Los precios de la electricidad se han incrementado un 10% desde que el actual gobierno llegó al poder y está previsto que el recargo en la factura eléctrica para subvencionar las renovables aumente de nuevo. También está aumentando el número de familias desempleadas y con bajos ingresos que se está quedando sin electricidad, así como los robos de leña en los bosques. En Alemania, la electricidad va camino de convertirse rápidamente en un lujo. Mientras tanto, los precios relativamente bajos de la energía en Estados Unidos han atraído al menos a una de las principales compañías químicas de Alemania, BASF.

· España. Mientras el gobierno alemán ha hecho recaer los costos de la obligación de utilizar energías renovables en los usuarios de la electricidad, España ha trasladado esa carga a las empresas eléctricas. La combinación de una generación de energía renovable altamente subvencionada y el requisito de que las eléctricas compraran energía renovable dejó en 2012 a estas compañías con un déficit de $7.300 millones, que se suman al déficit acumulado durante la pasada década de $34.040 millones. Además de todo eso, los empleos verdes aún tienen que causar impacto en el desempleo de España y de hecho se calcula que se han perdido 2.2 empleos por cada empleo "verde" creado por las subvenciones. España sólo va detrás de Grecia en cuanto a índice de desempleo dentro de la Unión Europea. Por tanto, no supone una sorpresa que el gobierno español haya dado marcha atrás en los exorbitantes subsidios a las energías eólica y solar, estallando así la burbuja solar y dejando a aquellos que invirtieron en la energía solar (incluidos quienes la vieron como una inversión prácticamente sin riesgo para sus jubilaciones) sin nada.

· África. A diferencia de otros países que se han creado sus propios problemas, muchos países africanos han caído víctimas de los planes de reducción de las emisiones de dióxido de carbono. Los combustibles emisores de dióxido de carbono han sacado a millones de personas de la pobreza, pero no en África, donde algunos gobiernos y grupos medioambientales han trabajado con los países desarrollados para tratar de "compensar" sus propias emisiones de dióxido de carbono y dividir la tierra en “granjas de carbono” y proyectos forestales. En algunos casos, esto ha obligado a los agricultores a firmar unos estrictos contratos del uso de la tierra que los excluye de una agricultura más productiva. Otros programas incluso han expulsado a la gente de sus hogares para dejar espacio a los bosques amigos del CO2. Básicamente, las naciones ricas y desarrolladas han pagado a los africanos para que sigan siendo pobres y ayuden a que las naciones desarrolladas se sientan mejor al emitir dióxido de carbono.

Con los costos tanto previstos como inesperados de los programas contra el cambio climático haciéndose patentes en todo el mundo, Estados Unidos debería rechazar unos planes tan temerarios económicamente en pro de unos beneficios medioambientales por otro lado inapreciables a partir de la reducción de las emisiones de dióxido de carbono. Alguien tiene siempre que pagar la factura, ya sean las empresas, los consumidores, los contribuyentes o los indefensos políticamente. Este es uno de los motivos por los que tiene sentido dejar que el mercado (es decir, las empresas y sus clientes) tome las decisiones sobre cómo se obtiene nuestra energía y cuánto cuesta.

Y otra buena razón es esta: no importa lo bien intencionado que sea, cuando se trata de planificar y ordenar de manera centralizada nuestras opciones energéticas, el gobierno hace una mejor labor estropeando las cosas que arreglándolas.

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