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por Helle Dale

Eurosíndrome

Por ejemplo, algunos de los países más ricos de Europa –como Alemania, Francia, Suiza, Suecia o Dinamarca– ahora sólo llegan al 75% del estándar de vida de Estados Unidos, medido en paridad de poder adquisitivo.
Fundación Heritage


A medida que las elecciones presidenciales de 2008 se vayan acercando, cuente con que oirá cada vez más, de boca de los candidatos demócratas, cantar las alabanzas de los beneficios de los estados del bienestar europeos. Tanto en política doméstica como en asuntos internacionales, los demócratas son europeos disfrazados. Tienen una fe conmovedora no solamente en el poder y las bondades del Estado, sino también en instituciones internacionales como las Naciones Unidas. Pero por más que los demócratas busquen inspiración en la forma europea de vivir, sigue persistiendo el hecho de que los norteamericanos en general lo tienen mucho mejor que los europeos.

Huelga decir que los europeos se resistirán enormemente a los argumentos, acostumbrados como están a sermonear con aire de suficiencia a los norteamericanos. Los alemanes hasta tienen un término para la existencia de pesadilla que ellos asumen como algo ampliamente extendido en Estados Unidos: las "condiciones americanas", una suerte de lucha darwiniana que seguramente ningún político alemán en su sano juicio desearía infligir a sus paisanos.

Sin embargo, un nuevo estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en Europa debería abrir los ojos de europeos y demócratas norteamericanos por igual. Según el Informe Económico de la OCDE sobre la Unión Europea, publicado el 20 de septiembre, el estándar de vida de la UE y otros países europeos se está quedando cada vez más atrás en comparación con el de Estados Unidos, ya que la economía norteamericana sigue superando a las de Europa. El informe es el primero en que la organización con sede en París incluye a la Unión Europea en su conjunto y constituye una conformación independiente de una fuente que está muy lejos de cualquier tipo de politiqueo washingtoniano.

"La globalización ofrece grandes oportunidades para las economías vibrantes pero castiga a las que son menos flexibles – dijo el secretario general de la OCDE, Angel Gurría –. Hay una brecha importante en el PIB per cápita si se compara con las naciones de la OCDE que mejor se están comportando y la brecha se ha hecho más grande durante la pasada década". Se estaba refiriendo específicamente a la que existe entre Estados Unidos y Europa.

Por ejemplo, algunos de los países más ricos de Europa –como Alemania, Francia, Suiza, Suecia o Dinamarca– ahora sólo llegan al 75% del estándar de vida de Estados Unidos, medido en paridad de poder adquisitivo. Comprensiblemente, los países de la Europa Central y del Este recién incorporados a la Unión Europea tienen mucho más camino por recorrer, y sólo disfrutan de la tercera parte del estándar de vida de Estados Unidos.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Europa tenía mucho terreno que recuperar. En 1946, Europa Occidental sólo tenía el 46% del PIB per cápita de Estados Unidos. Esa brecha se estrechó hasta un 81% en 1980 bajo la influencia del mercado único y sin aranceles de la Unión Europea. Ya para 2005, el último año del que hay datos disponibles, la cifra había retrocedido hasta el 75%.

Los autores del estudio son muy francos sobre las razones. En primer lugar, los niveles europeos de empleo continúan a la zaga por detrás de los de Estados Unidos y Japón. Más de la tercera parte de la población de Europa en edad laboral (de 15 a 64 años) permanece inactiva. Los europeos tienden a entrar tarde al mercado laboral y a jubilarse temprano. En Estados Unidos, el 72% tiene trabajo y en Japón el 70%. En la Unión Europea, la cifra está debajo del 65%.

De acuerdo con la propia estrategia de crecimiento y desarrollo de la Unión Europea, acordada en Lisboa en el año 2000, el objetivo es el 70%, pero prácticamente no se ha hecho ningún progreso. Los índices de desempleo también siguen siendo altos; actualmente, en la UE el 8% de la población activa está en el paro. En Estados Unidos, la cifra es del 4.2%.

Es interesante ver que, aunque Europa se jacta de tener 500 millones de consumidores y fronteras abiertas entre la mayoría de sus 27 estados miembros, el estudio culpa a una carencia de movilidad laboral de parte de esta inercia. Los problemas lingüísticos y la preferencia por los trabajadores nativos siguen siendo un obstáculo para el mercado laboral único.

Otro problema es el "nacionalismo económico" europeo, uno de los favoritos de los gobiernos francés, alemán y español. El proteccionismo diseñado para favorecer a compañías nacionales, especialmente en el sector de energía, es un problema. Lo es igualmente el continuado lastre de la Política Agrícola Común (PAC), que concede subsidios "por encima de la media de la OCDE y muy por encima de la mayoría de naciones con libre comercio", según el informe de la OCDE.

La realidad es que el modelo norteamericano, que también podría denominarse como modelo anglosajón, cimentado en el libre mercado, la movilidad laboral y unas regulaciones limitadas del mercado laboral, sigue siendo el más poderoso generador de riqueza y trabajo para sus ciudadanos. En un mercado global, continúa colocando a Estados Unidos como el líder mundial y, a medida que nos vamos acercando a la temporada electoral, los candidatos no deberían perder de vista esa realidad.

©2007 The Heritage Foundation
* Traducido por Miryam Lindberg

Helle Dale es directora del Centro Douglas y Sarah Allison para Estudios de Asuntos Exteriores y de Defensa de la Fundación Heritage. Sus artículos se pueden leer en el Wall Street Journal, Washington Times, Policy Review y The Weekly Standard. Además, es comentarista de política nacional e internacional en CNN, MSNBC, Fox News y la BBC.


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