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por Helle Dale

Gore en la cuerda floja

Para que se hiciera una foto electoral, el Servicio de Parques de Estados Unidos tuvo que represar el río para conseguir aumentar el nivel del agua y así lograr que éste tuviera calado suficiente como para que el bote de Gore pudiese flotar.

Fundación Heritage

En la mente de la mayoría, la intolerancia religiosa se asocia hoy en día con el radicalismo islámico. Sin embargo, hay una variedad occidental en auge que también nos llena de inmensa preocupación. Ponga en entredicho la creencia de que la tierra se está calentando peligrosamente por culpa de la actividad humana, o critique a cualquiera de sus sumos sacerdotes y la ira de sus fieles partidarios recaerá sobre usted.

Este inquietante hecho le quedó clarísimo y con contundencia al Tennessee Center for Policy Research, una diminuta fundación dedicada a la investigación energética con sede en Nashville, la ciudad natal del ex vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore. Después de ver las exageradas alabanzas al supuesto documental de Gore, Una verdad inconveniente, laureado en la entrega de los Oscar, los miembros de esta fundación tuvieron la brillante idea de averiguar cuál es el consumo energético de la familia Gore. Y resultó que curiosamente la mansión de los Gore usa 20 veces más electricidad que el hogar medio norteamericano.

Quién le iba a decir entonces al personal de la fundación que publicar en su página web los datos reales sobre el consumo tan abultado y ciertamente hipócrita de la familia Gore crearía un revuelo internacional, los convertiría en objeto de amenazas de muerte, insultos despiadados y prácticamente hiciera que su web se viniera abajo debido a los ataques. Segun la portavoz de la fundación, Nicole Williams, recibieron una avalancha de llamadas y correos electrónicos provenientes del mundo entero, de lugares tan lejanos como Alemania, Australia, Turquía y Latinoamérica.

"Los conspiranoicos han inventado todo tipo de cuentos sobre nosotros, sobre quiénes somos y sobre quién nos respalda", dijo Williams. "Nuestro presidente fue becario en una ocasión en el American Enterprise Institute y ahora van diciendo por ahí que nos financia el AEI. Personalmente me han preguntado 'de quién soy puta', me han llamado 'cateta estúpida', 'mentirosa' y algunas cosas peores. También me han dicho que es mejor que tenga cuidado. Se ha publicado información personal sobre cada uno de nosotros en Internet".

Los hechos que han llevado a que Gore se haga merecedor de una "estatuilla de oro a la hipocresía" son los siguientes: a pesar de que en su película Gore llama hiperbólicamente al cambio climático "el tema moral, ético, espiritual y político más importante al que la humanidad jamás se haya enfrentado", resulta que esa creencia suya no ha supuesto un incentivo suficiente para que ni él ni su familia cambien de estilo de vida.

Según los datos recabados por el Centro de Política Pública de Tennessee provenientes del Servicio Eléctrico de Nashville, que es la empresa que suministra la electricidad a la mansión Gore en Belle Meade, cerca de Nashville, los Gore consumieron unos 221.000 kilovatios-hora (kWh) en 2006, más de 20 veces la media nacional que es 10.656 kWh. No es sólo eso, sino que el consumo eléctrico de los Gore aumentó sustancialmente entre 2005 y 2006. Y además de los casi 30.000 dólares que los Gore pagan en electricidad al año, también pagan una media de 1.080 dólares al mes en gas natural.

Una verdad inconveniente se está convirtiendo en uno de los textos básicos del movimiento ecologista. Ahora es obligatorio ver esta película en las escuelas de varios países europeos, como el Reino Unido y Noruega. No obstante, Al Gore, productor de la película, es personalmente responsable de emisiones de gas invernadero en proporciones épicas.

Pero no es la primera vez que Gore ha mostrado tan asombrosa distancia entre la teoría y la práctica. ¿Quién puede olvidar la imagen de Gore flotando beatíficamente en una canoa en New Hampshire durante las elecciones del año 2000? Las averiguaciones hechas por un periodista con iniciativa del Washington Times desvelaron que el Servicio de Parques de Estados Unidos tuvo que represar el río para conseguir aumentar el nivel del agua y así lograr que éste tuviera calado suficiente como para que el bote de Gore pudiese flotar.

Gore asegura que no importa cuánta energía consuma ya que él compra en el sistema de canje de emisiones de carbono, un concepto que solía ser popular con la derecha y del que ahora se han adueñado Gore y sus amigos. Significa que los consumidores ricos como Gore pagan una cuota para permitirse el lujo de derrochar, esta cuota luego se invierte en reducir las emisiones de carbono en el mundo en desarrollo, presuntamente un juego de suma cero. No obstante, el dinero de Gore se queda en la familia. La compañía que se encarga del canje se llama Generation Investment Management, LLP. Tiene sedes en Londres y Washington siendo su presidente y socio fundador nada menos que Al Gore.

"Creo que los canjes de emisiones de carbono son como las indulgencias", dijo Nicole Williams, de la fundación Tennessee Center for Public Policy Research, refiriéndose a la práctica de la Iglesia Católica en el medievo consistente en vender el perdón de los pecados. Quizá también necesitemos una reforma en temas ecológicos que ponga patas arriba la ortodoxia y que haga que la gente recupere el sentido común.

©2007 The Heritage Foundation
* Traducido por Miryam Lindberg

Helle Dale es directora del Centro Douglas y Sarah Allison para Estudios de Asuntos Exteriores y de Defensa de la Fundación Heritage. Sus artículos se pueden leer en el Wall Street Journal, Washington Times, Policy Review y The Weekly Standard. Además, es comentarista de política nacional e internacional en CNN, MSNBC, Fox News y la BBC.