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Gran Bretaña tiene razón

El caso del asilo a Assange constituye sólo una pequeña muestra de la estrategia antioccidental, a la vez que pro-iraní, promovida por Correa, el presidente de Venezuela –Hugo Chávez–, Raúl Castro y otros.

Fundación Heritage
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A primera hora del día 16 de agosto, el ministro de Exteriores de Ecuador, Ricardo Patiño, anunció que su país concedía asilo político al fundador de Wikileaks, Julian Assange; eso sí, si puede llegar hasta Ecuador.

Desde el final de los Juegos Olímpicos de Londres, Patiño y su jefe, el presidente izquierdista Rafael Correa, han sido presas del pánico y advertido de que su embajada en Londres se encuentra bajo la amenaza inminente de un ataque por parte del gobierno británico por refugiar a Assange desde el 19 de junio, cuando el australiano se introdujo en el recinto y solicitó asilo.

Patiño lanzó una nueva campaña para avivar el sentimiento nacionalista y el respaldo extranjero y afirmó que Gran Bretaña está actuando como un poder colonial intimidatorio y en flagrante violación del derecho internacional. El histérico Patiño dice que Ecuador llevará su caso ante el Consejo de Seguridad de la ONU. De todas las amenazas a la paz mundial, esta debe de ser una de las más nimias.

A ojos de la justicia británica (a diferencia de Ecuador, en el Reino Unido existe un auténtico Estado de Derecho), Assange es un fugitivo con una petición de extradición pendiente, emitida correctamente por Suecia. Los británicos no han vacilado todavía en sus intenciones de cumplir con su "obligación legal de extraditar a Julian Assange a Suecia para que se enfrente a un interrogatorio sobre las acusaciones de delito sexual" que pesan sobre él.

Recientemente, el gobierno británico informó a Ecuador de que meditará sobre la aplicación de una ley nacional británica, la ley del Principio Diplomático y Consular de 1987, que se diseñó para proteger al pueblo británico de abusos flagrantes de la inmunidad diplomática. Según dicha ley, si los principios diplomáticos se utilizan de forma inadecuada, quien así obrare podría perder el estatus diplomático o consular, junto con todos los derechos concurrentes (incluida la inviolabilidad). Este es un paso previo a la ruptura de relaciones diplomáticas, que también es una opción en este caso.

De hecho, es irónico, aunque se resalte poco en la prensa, que Ecuador, que no deja de estrechar lazos con Irán (podría afrontar sanciones ruinosas por parte de la ONU por llegar a acuerdos y blanquear dinero con Teherán), se atreva incluso a protestar por el ordenado cumplimiento de una ley nacional británica. ¿Planteó Ecuador alguna protesta cuando sus amigos de Teherán, con un desprecio total a todas las convenciones diplomáticas, permitieron que una muchedumbre invadiera y saqueara la embajada británica en noviembre de 2011?

El caso del asilo a Assange constituye sólo una pequeña muestra de la estrategia antioccidental, a la vez que pro-iraní, promovida por Correa, el presidente de Venezuela –Hugo Chávez–, Raúl Castro y otros. Es selectiva a la vez que hipócrita. Y aspira a mostrar a Occidente de una manera desfavorable al tiempo que pasa por alto las enormes ilegalidades de sus socios.

La devolución de Assange a Suecia para que se enfrente a la justicia, ya sea mediante el cumplimiento de la ley de 1987 o bien mediante la ruptura de relaciones diplomáticas, demostrará una vez más la determinación brtiánica y su compromiso con el Estado de Derecho. Por tanto, tal acción merece el total respaldo de Estados Unidos.

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