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por Peter Brookes

La fórmula del terror se intensifica

El general de división del Ejército, William Caldwell, portavoz militar en Irak, dijo que los ataques de gas eran "un intento realmente brutal para aumentar el nivel de terror usando y mezclando sustancias químicas comunes con artefactos explosivos".

Fundación Heritage

En una carrera satánica al abismo de la degeneración contra sus malignos compinches, las milicias chiítas y los insurgentes sunníes sospechosos de pertenecer a Al Qaeda han empezado a usar ahora lo que los iraquíes denominan "armas sucias".

¿Armas sucias? Diga armas químicas. El gas cloro que los insurgentes están liberando en las calles iraquíes está catalogado como arma de destrucción masiva si se usa en grandes cantidades. Sólo piense en la Primera Guerra Mundial.

Si tomamos en consideración su uso de armas químicas contra los iraníes (durante la Guerra Irán-Irak) y contra su propia gente (durante su reinado del terror), Sadam Hussein debe sentirse muy satisfecho desde su tumba con sus lugartenientes.

Sacado de una página del manual de vilezas de Sadam, el uso de sustancias químicas es sólo la iniciativa más reciente de los insurgentes para sembrar muerte y destrucción en Irak, eso por no mencionar la de poner nervioso a un Washington ya vacilante en su voluntad política acerca de la guerra.

Sólo la semana pasada, en el segundo y tercer ataque químico en un mes, los insurgentes volaron camiones llenos del potencialmente letal gas cloro, que puso enfermos a miles.

"Es sólo otra forma más en su intento por adaptarse para provocar algún tipo de caos en el país", dijo el teniente general del Ejército Raymond Odierno, vicecomandante en Irak.

El martes pasado, 6 personas murieron y por lo menos 150 fueron heridas o alcanzadas por los gases cuando explotó un camión cisterna de gas cloro. Al día siguiente, 5 murieron y 50 acabaron hospitalizados cuando prendieron una furgoneta cargada con tanques de gas.

Una incursión militar americana cerca de Faluya la semana pasada probablemente evitó más ataques ya que se encontraron tanques de gas cloro, gas propano, fertilizantes (para uso como explosivo), sustancias químicas, municiones, un camión y 3 coches adicionales que estaban siendo convertidos en "bombas sobre ruedas".

Aunque los ataques fueron letales, el gas cloro parece no haber sido muy efectivo. Las explosiones mataron a la gente pero el calor de la detonación probablemente consumió la mayor parte del tóxico gas cloro. Es posible que los insurgentes se den cuenta pronto de esto, lo que nos lleva a la pregunta: ¿Qué pasará ahora en la pequeña tienda insurgente de los horrores?

Al observar las angustiosas deliberaciones en el Congreso y las ya caldeadas campañas para la presidencia de Estados Unidos en 2008, los insurgentes sunníes deben de estar tramando la siguiente jugada malévola con que lograr su objetivo final: la derrota ignominiosa de Estados Unidos y su retirada.

Las milicias chiítas tienen su estrategia. Van a esconderse –o dirigirse a Irán como el clérigo chiíta Moqtada al Sadr– mientras se ejecutan las medidas de seguridad en Bagdad para resurgir en cuanto haya pasado el peligro. Al Qaeda tiene como objetivo el dominio estadounidense del espacio aéreo emboscando helicópteros en una táctica copiada directamente de la exitosa campaña antiaérea de los mujaidines contra la Unión Soviética en los años 80.

El general de división del Ejército, William Caldwell, portavoz militar en Irak, dijo que los ataques de gas eran "un intento realmente brutal para aumentar el nivel de terror usando y mezclando sustancias químicas comunes con artefactos explosivos".  Si tiene razón sobre el efecto aterrador, probablemente veremos más nubes amarillo verdosas de gas cloro en los días siguientes así como otro tipo de ataques químicos.

El cloro es un buen instrumento de terror. Primero, es una habitual sustancia química industrial. Además, al ser un agente asfixiante, provoca el pánico. Dependiendo de los niveles de exposición, el cloro irritará ojos y piel, igualmente provocará que los pulmones de la víctima se dilaten, se llenen de líquido o que incluso se disuelvan, llevando a la asfixia.

También podríamos ver otros agentes asfixiantes como el fosgeno, otra sustancia química habitual en las fábricas. (El fosgeno provocó el 80% de las más de un millón de víctimas de agentes químicos durante la Primera Guerra Mundial).

Afortunadamente, los agentes asfixiantes se dispersan rápidamente en espacios abiertos y actúan lentamente, permitiendo que las víctimas potenciales tomen medidas o se vayan del área afectada.

Lo malo es que si los insurgentes se sienten envalentonados con sus incipientes ataques químicos, también podrían decidirse por algo más complejo como el gas mostaza, un devastador agente letal que puede fabricarse a partir de sustancias químicas comunes.

El terrorista suicida y el coche bomba siguen siendo las armas terroristas más mortales en Irak, pero las armas químicas se suman ahora a la combinación, agudizando el conflicto pero añadiéndole importancia a la derrota de la insurgencia.

Y aunque el Congreso de Estados Unidos considera revocar la autoridad de librar la guerra en Irak al presidente, sus miembros deberían ser conscientes de que estamos en una misión para destruir a un enemigo monstruoso, casi sin parangón en su desdén por la vida humana.

©2007 The Heritage Foundation

* Traducido por Miryam Lindberg

 

Peter Brookes ha sido asesor del Presidente George W. Bush y actualmente es analista de la Fundación Heritage, columnista del New York Post y Director del Centro de Estudios Asiáticos.







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