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Fundación Heritage

La reforma sanitaria y el Congreso

Los progres insisten en que el problema es que Obama no ha sabido comunicar su mensaje de forma suficientemente clara. O con el suficiente poder de persuasión. O que él y sus aliados son víctimas de mitos, mentiras y desinformación.

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Las vacaciones son descansar, relajarse y disfrutar. Pero este verano no ha sido fácil ni para el Congreso de Estados Unidos ni para el presidente Obama.

Durante las vacaciones en agosto, Washington fue testigo de cómo se derrumbaba la agenda de la izquierda americana. Obama perdió 16 puntos en la última encuesta Gallup y continúa cayendo.

Los congresistas regresan al trabajo este martes 8 de septiembre. La gran pregunta es: ¿Habrán aprendido algo?

Ciertamente quieren que creamos eso. Los asesores de la Casa Blanca afirman que veremos un "nuevo curso político" con un "nuevo" presidente Obama. Pero, ¿qué significa eso en realidad? ¿Obama con un teleprompter más bonito? ¿O es que el presidente le va a pedir prestado a Hillary Clinton el tristemente célebre botón rojo de "reset"?

Según la web Politico.com, el equipo de la Casa Blanca del presidente Obama "está dando los toques finales a una nueva estrategia... especificando lo que Obama quiere ver en un acuerdo sobre la reforma sanitaria y que además el presidente lidiará directamente con otras áreas problemáticas". El asesor David Axelrod ha dicho que "vamos a plantear las cosas de una forma diferente. El presidente se va a involucrar muy activamente".

Según Axelrod, el presidente ofrecerá más detalles específicos acerca de sus ideas. Obama planea reiniciar el curso político reuniéndose con los líderes del Congreso americano y pronunciar un discurso explicando a fondo su reforma sanitaria que sería retransmitido por televisión a nivel nacional.

La izquierda cree que su problema es la comunicación, no sus ideas. El congresista demócrata Keith Ellison afirma que "Si el presidente se explica de forma clara y elocuente, conseguirá el efecto deseado".

Pero la opinión pública está enrabietada y quiere otro enfoque, no el mismo producto con distinto envoltorio. No obstante, los progres y los medios de comunicación insisten en que el problema es que Obama no ha sabido comunicar su mensaje de forma suficientemente clara. O con el suficiente poder de persuasión. O que él y sus aliados son víctimas de mitos, mentiras y desinformación.

Quieren la encendida pasión del fallecido senador Ted Kennedy. Para la izquierda, el problema es que el pueblo no está prestando atención porque Obama no está explicando el asunto de manera apropiada. Para todos los demás, el problema es que Obama no quiere escuchar y que cuanto está planteando es erróneo.

Los partidarios de Obama dicen que parte de su problema es que el presidente ha permitido que el Congreso lleve las riendas del asunto. Pero si ése es el problema, las cosas sólo se le van a poner peor al presidente. Debido a su pérdida de capital político, Obama debe confiar ahora más que nunca en la presidenta de la Cámara de Represantes Nancy Pelosi y en el líder de la mayoría del Senado Harry Reid. A éstos les hará falta recurrir a tácticas poco sutiles (además del mercadeo de votos y de proyectos que explotan el oportunismo político) para sacarles los votos necesarios a demócratas renuentes a aprobar la reforma porque han sufrido de cerca y de forma muy personal las iras de su electorado.

"Reconciliación" es la palabra de moda que describe cómo lograr que se apruebe una ley en el Senado sin muchos remilgos. El proceso –inmune al filibusterismo– requiere solamente 50 votos (más el del vicepresidente) y no los 60 votos reglamentarios. Pero el problema de Pelosi es que, a diferencia de los senadores, cada uno de los miembros de la Cámara de Representantes debe enfrentarse a las urnas el próximo año ante unos votantes enardecidos por el asunto sanitario. La encuesta Rasmussen indica que el 57% de los votantes probables (y el 70% de los votantes independientes) están dispuestos a mandar a todos los congresistas a su casa. Es un huracán político que Pelosi no podrá eludir.

Por ejemplo, el demócrata Eric Massa ya cometió el error de decir: "Votaré contra los intereses de mi distrito electoral" en el tema de la reforma sanitaria. Pocos congresistas lo ven como el modelo a seguir, a menos que les encante la idea de ponerse en la cola del desempleo. 

El ex presidente de la Cámara Dennis Hastert, experto en emplear la mano dura, dice que Pelosi "probablemente incurrió en un error estratégico al no colar el proyecto de ley de la reforma sanitaria antes de las vacaciones de verano". Una vez en casa, los congresistas han tenido que ver a sus electores cara a cara y, como dice Hastert, "creo que les ha entrado un poco de miedo en el cuerpo".

Pues habrá que celebrar ese miedo en el cuerpo. Después de un largo y candente verano para los políticos en Washington, llega el otoño con aires más refrescantes. Sin embargo, el termómetro de la opinión pública de Estados Unidos sigue registrando muy altas temperaturas al inicio del nuevo curso político.

©2009 The Heritage Foundation
* Traducido por Miryam Lindberg

Ernest Istook  sigue en franca recuperación después de haber abandonado su cargo tras 14 años como congresista de Estados Unidos. Ahora es uno de los distinguidos expertos de la Fundación Heritage.

©2014 Libertad.org
* Traducido por Miryam Lindberg

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