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por Peter Brookes

Un mundo sin Estados Unidos

Ningún país ha dado tanto a tantos tan a menudo –y pidiendo muy poquito a cambio– para recibir tan poca gratitud que éste, nuestro gran país. De modo que feliz cumpleaños, Estados Unidos.

Fundación Heritage

Para quienes, a lo largo y ancho del mundo, viven lloriqueando y quejándose de Estados Unidos, el 4 de Julio –día de su cumpleaños número 230– ofrece una ocasión muy oportuna de tomar en consideración, aunque sólo sea por un momento, lo que sería el mundo sin el buenazo del Tío Sam.

El panorama no es alentador. Sin el liderazgo, la influencia diplomática, el poder militar, el poder económico y la generosidad sin precedentes de los Estados Unidos, la vida en el planeta Tierra probablemente sería bastante desoladora, sin duda. Dejando de lado todo lo que significó Estados Unidos en el último siglo, imagínese un mundo en el que este país se hubiese desvanecido el 1 de Enero de 2001.

En temas de seguridad, Estados Unidos representa el equilibrio global del poder. Aunque no sea lo que nos gustaría, somos el gendarme mundial, prestando estabilidad vital en algunos de los lugares más duros del planeta. Sin Estados Unidos como Globo-cop, rivales como India y Pakistán bien podrían encontrar razones para soltar los perros de la guerra en el sur de Asia, llegando sin lugar a duda al primer intercambio nuclear en la historia. Imagínese qué fuegos artificiales...

En Afganistán, Al Qaeda todavía sería huésped de honor, intrigando para conseguir ese califato global desde España hasta Indonesia. No estaría enviando gente a pelear en Irak, más bien, la banda de Osama estaría luchando ferozmente desde Arabia Saudí hasta "Eurabia".

En Asia, China sería el "Reino Medio", tragándose a la democrática Taiwán y forzando al Japón pacifista a unirse (renuentemente) al club de las armas nucleares. Las Coreas podrían librar otra horrenda guerra con un saldo de millones de muertes.

Mientras tanto, una Rusia renaciente estaría respirándole en el cogote a sus vecinos "casi extranjeros". ¡Olvídese de las revoluciones democráticas en Ucrania y Georgia, camarada! En Europa, estarían recibiendo órdenes desde París o Berlín... suponiendo que esos dos rivales no estuviesen otra vez matándose.

En África, Liberia estaría bajo el dominio de Charles Taylor y Sudán no tendría ningún acuerdo de paz.

¿Y qué otra nación podría o querría brindar la libertad de los mares para comerciar incluyendo el transporte de petróleo y gas, todo gratis?

Habría armas de destrucción masiva por todas partes. Corea del Norte haría alarde de su sólido arsenal nuclear. Libia no habría entregado sus armas y el prodigioso proliferador de Pakistán, A.Q. Khan, seguiría vendiendo por las calles, de puerta en puerta, su menaje nuclear.

También faltarían esos otros regalitos, empezando por el 22% del presupuesto de la ONU. Eso incluye la mitad de todas las operaciones del Programa Mundial de Alimentos que alimenta a más de 100 millones de personas en 81 países.

También se haría humo el 17% del dinero que cuesta a la UNICEF alimentar, vacunar, educar y proteger a los niños en 157 países y el 31% del presupuesto del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) que da ayuda a más de 19 millones de refugiados en todo el mundo.

En 2005, Washington repartió 28.000 millones de dólares en ayuda exterior, más del doble de la cantidad que el siguiente donante (Japón) contribuyendo con casi el 26% de todas las ayudas oficiales de desarrollo que dan los grandes países industrializados.

Además, el Presidente Bush ha comprometido 15.000 millones de dólares para el Plan de Emergencia contra el SIDA, el mayor compromiso jamás contraído por una sola nación a favor de una iniciativa sanitaria internacional que trabaja en más de 100 países, principalmente africanos.

Estados Unidos es el motor económico del mundo. No sólo tenemos la economía más grande del mundo, también gastamos el 40% del presupuesto mundial en I+D, comandando una alucinante innovación en áreas como la tecnología de la información, defensa y medicina.

También somos el cajero del mundo, suministrando el 17% de los recursos del Fondo Monetario Internacional para naciones con crisis fiscales y aportamos el 13% de los programas del Banco Mundial que distribuye miles de millones en ayuda al desarrollo para países necesitados.

Bueno, ¿y qué recibe el Tío Sam a cambio? Principalmente penas, especialmente de parte de todos esos aprovechados desagradecidos que se benefician enormemente de los "bienes públicos" mundiales que nosotros donamos desinteresadamente con nuestro tiempo, esfuerzo y dinero. ¡Qué fácilmente, pero qué convenientemente, se les olvida!... a menos que necesiten ayuda, claro está.

Pero los americanos nunca deben olvidar, especialmente ahora, que a pesar de todos los insultos, abucheos y celos mezquinos, somos la envidia del mundo. Y con todo merecimiento.

La realidad es que no importa lo que diga nadie: ningún país ha dado tanto a tantos tan a menudo –y pidiendo muy poquito a cambio– para recibir tan poca gratitud que éste, nuestro gran país. De modo que feliz cumpleaños, Estados Unidos. Puedes ir con la frente alta y sentirte orgulloso. Te lo has ganado.

©2006 The Heritage Foundation
* Traducido por Miryam Lindberg

Peter Brookes
ha sido asesor del Presidente George W. Bush y actualmente es Miembro Senior de la Fundación Heritage, columnista del New York Post y Director del Centro de Estudios Asiáticos.