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Exxon Mobil le moja la oreja al gorila

Rara es la ocasión en la que responsabilizamos a los liberales, es decir, a nosotros mismos, de la parca representación de nuestras ideas en todos los ámbitos sociales.

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Algo inaudito le ha sucedido a Chávez y el gorila rojo está que trina. A la vía cubana al socialismo bolivariano le ha salido varios baches inesperados. Primero un rey que no suele destacarse por su audacia interceptó una de las chácharas prepotentes del militar golpista lanzándole aquel famoso "por qué no te callas". Luego vendría el revés en el referéndum para terminar de instaurar el socialismo real. Chávez no contó con que el movimiento estudiantil pudiera forzar su derrota usando la fuerza de las ideas frente al totalitarismo disfrazado de demagogia bananera.

Ahora ha sido Exxon Mobil, la gran petrolera capitalista, la que le ha estropeado la digestión al líder de esta "hermosa experiencia democrática" que tanto gusta a los titiriteros españoles. Hace casi un año el inagotable apetito de propiedades ajenas del líder socialista venezolano se concretó en la nacionalización de gran parte de las explotaciones petrolíferas de la Faja del Orinoco. El 1 de mayo dio comienzo el festín expropiador y, como de costumbre, la mayoría de las empresas extranjeras así como los gobiernos de sus países de origen se plegaron al latrocinio chavista que, de la noche a la mañana, suspendía unilateralmente los contratos firmados entre Venezuela y las empresas y se quedaba, a través de la empresa estatal PDVSA, con un mínimo del 60% de las acciones de las empresas mixtas que operaban en la Faja.

Sin embargo, Exxon Mobil es una multinacional petrolera que se caracteriza por plantar cara al socialismo –tenga color verde o rojo intenso–, de modo que no aceptó continuar operando bajo las condiciones impuestas y presentó demandas en diversos países para recuperar el valor de la propiedad que el Gobierno de Chávez le había arrebatado. Desde entonces, tribunales de Reino Unido, Holanda y Estados Unidos le han dado la razón a la empresa norteamericana ordenando la congelación de algo más de 12.500 millones de dólares en activos en esos países de PDVSA.

Al Gobierno venezolano no le gusta que haya jueces que se aparten de su concepto de justicia social que en la práctica se traduce en darle siempre la razón a quien trate de actuar con el objetivo de establecer el socialismo en la tierra o, de manera más específica, a quién actúe según los designios del dictador bolivariano. Por eso, a este noble ejercicio de restitución el ministro de Energía y Petróleo Venezolano lo calificó de "uso terrorista de la justicia". Vamos, que les duele que todavía haya quienes crean en el concepto clásico de justicia y pongan coto a sus latrocinios.

Claro que pronto podremos asistir a conferencias de Stiglitz y otros aduladores de cuanto político intervencionista se cruce en su camino hablándonos de la valentía que ha tenido Chávez al rescatar los recursos de la madre tierra y explotarlos a través de una empresa "del pueblo". No faltarán empresas o fundaciones españolas que financien sus parlanchinerías. Algunas, incluso, dirán que son liberales.

Otros dirán que todo el que se ponga de parte de la petrolera expropiada debe estar a sueldo de la multinacional y que esa presunción contra la que no cabe rechistar invalida sus opiniones y argumentos en una nueva versión del polilogismo marxista. Jueces, académicos y columnistas quedaremos condenados a la hoguera por el mero hecho de discrepar y defender la propiedad de unas empresas que se dedican al terrible negocio de producir energía y ayudar a prosperar las sociedades.

Gabriel Calzada Álvarez es doctor en Economía y presidente del Instituto Juan de Mariana

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