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Pagar más y consumir menos

La solución a la mayor parte de los problemas de la humanidad, desde la producción de agua potable hasta la contaminación, pasa por producir más energía y más barata. Para eso necesitamos menos electricidad política y más electricidad de mercado.

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El sector eléctrico se ha convertido en un rompecabezas esperpéntico. Las sucesivas medidas intervencionistas que los distintos gobiernos han ido aprobando han hecho que la estructura del sector se haya distanciado progresivamente de lo que sería un sistema sostenible, es decir, de un modelo de mercado en el que la demanda diversa del consumidor vaya marcando las diferentes estrategias de inversión de las compañías.

Los políticos se sientan en una mesa y planifican (tras negociar con las eléctricas más importantes) la estructura del sector a medio y largo plazo según su visión ideal del mundo, que no tiene y no suele coincidir con la de los consumidores finales; hogares y empresas. El desajuste entre un sector planificado desde arriba y una realidad de mercado bien distinta provoca que cada nueva ley sea un parche que intenta tapar los descosidos de la norma anterior. Muchas empresas han montado una estructura tan costosa que de tener que ofrecer su electricidad en un mercado libre, perderían los clientes en beneficios de otras empresas más pequeñas que han logrado mantener un modelo de negocio más tradicional. La situación es insostenible.

Esta realidad kafkiana es lo que explica las (de otro modo incomprensibles) declaraciones realizadas por el presidente ejecutivo de Iberdrola a Financial Times, en las afirma que los consumidores deberían “pagar más y consumir menos” electricidad. Es posible que se nos obligue a pagar todavía más pero todos sabemos que los consumidores no van a demandar menos sino más electricidad. La era digital y de la información no ha hecho más que empezar y mantener su crecimiento significará un continuo incremento de la demanda energética.

¿Y por qué debemos pagar más? El presidente de la primera empresa eólica de España expone en su entrevista la versión según la cual las facturas energéticas de los hogares todavía representan una parte muy pequeña de los costes que tienen que soportar. El problema de esta excusa es que la Tarifa de Último Recurso de los hogares es cuatro veces el precio de la electricidad en el pool. Esto lleva a pensar que los consumidores están pagando la electricidad a un precio muy elevado con respecto al mercado y que el verdadero problema está en otro lado.

De hecho, el propio Galán explica en otra parte de la entrevista el verdadero motivo por el que los consumidores deberían pagar más. El meollo de la cuestión radica en que las empresas eléctricas tendrán que realizar importantes inversiones para introducir los cambios que los políticos les piden para reducir las emisiones de CO2. Así que en el fondo el único problema es que ni aún con el elevado precio que pagan los hogares actualmente da para pagar el coste en el que incurren las empresas que se han dedicado a seguir de forma más fiel los designios políticos en materia energética incentivados por la zanahoria de las jugosas primas y subvenciones que en última instancia también pagan el consumidor final o el contribuyente.

La situación límite de muchas empresas españolas y la competencia de empresas extranjeras donde la energía es más económica hacen que el tejido industrial no pueda asumir un mayor coste de la electricidad. Por eso quienes defienden subidas piensan que se puede y debe hacer cargar a los hogares con el sobrecoste de las decisiones políticas.

En lugar de seguir liando el problema eléctrico con exigencias de pagar más y consumir menos, lo que habría que hacer es tener unas compañías eléctricas más productivas y que cobren menos. Es más, la solución a la mayor parte de los problemas de la humanidad, desde la producción de agua potable hasta el problema de la contaminación, pasa por producir más energía y más barata. Para eso necesitamos menos electricidad política y más electricidad de mercado.
Gabriel Calzada Álvarez es doctor en Economía y presidente del Instituto Juan de Mariana

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