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Gabriel Moris

Ante la encrucijada del 11-M

Nuestra credibilidad como país civilizado pasa por la total aclaración de la masacre.

Gabriel Moris
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La campaña electoral ocupa casi al completo la actividad de los medios de comunicación e incluso una parte importante de la vida de los españoles. Esto, que en cierto modo es comprensible, me resulta difícil de entender. Si hiciéramos un análisis de lo que ha sido la legislatura recién clausurada, podríamos advertir que en algunos aspectos se podría calificar de campaña electoral permanente. Campaña teñida con el apoyo sistemático al partido en el Gobierno por los grupos nacionalistas o separatistas y por el rechazo sistemático y la descalificación del partido de la oposición.

Todo lo ocurrido durante estos cuatro años, además de irracional, no parece una forma de convivencia democrática digna de alabanza y exportable a los países de nuestro entorno. Se aprecia un fuerte contraste respecto a lo que representó el período de transición de nuestras estructuras sociopolíticas hacia un régimen de libertades y respeto entre los distintos grupos y estamentos sociales de nuestro país. Tampoco resiste un análisis comparado con las decisiones adoptadas en países de nuestro entorno. No me atrevo a pedir a los partidos contendientes en estas elecciones legislativo-presidenciales que imiten el ejemplo alemán, pero sí me voy a atrever a hacer una petición que creo que por derecho y por justicia me corresponde: que salden la deuda generada el 11 de marzo de 2004 para con las víctimas de la masacre y la casi totalidad de la sociedad española.

Ya han pasado cuatro años desde que sufrimos los crímenes que convulsionaron España. Las víctimas hemos asistido como convidados de piedra a todo lo hecho y lo dicho sobre el atentado. Hecha pública la sentencia del primer juicio sobre el mismo, constatamos con tristeza que la realidad de los hechos se aleja del conocimiento de lo ocurrido. Es más, el olvido y la ocultación del atentado chirrían frente a la campaña por la memoria histórica de nuestra triste guerra civil.

Los políticos elegidos diputados y senadores tras los crímenes del 11-M, no sólo pretenden que no se lo recordemos, se oponen también a todo intento de investigación ajeno a la versión oficial. El silencio es sepulcral. Sin embargo, a las víctimas nos sobran razones para exigir que se investigue hasta que quede contestada la última de nuestras dudas. Por tanto, exigimos que se investigue a todos los niveles –policial, judicial y parlamentario– con el objetivo real de dar con la verdad que ignoramos.

No olvidemos que se trata del mayor atentado perpetrado en la Europa Comunitaria. No vivimos en un lejano desierto ni en una remota montaña. Nuestra credibilidad como país civilizado pasa por la total aclaración de la masacre. Para alcanzar lo que toda la sociedad reclamaba en los días que la siguieron –verdad, justicia y reparación– solicitamos al Gobierno que salga de los próximos comicios que se comprometa con la búsqueda eficaz de la verdad y evite los errores cometidos hasta hoy. Por tanto, pedimos.

  1. Seguir con las investigaciones policiales siempre abiertas a cualquier indicio por pequeño que éste se presente.
  2. Celeridad en la celebración de los juicios pendientes.
  3. Retomar la investigación parlamentaria desde una Comisión Independiente o de la Verdad.

Por nuestra parte no cesaremos en nuestro empeño hasta que los atentados del 11-M se aclaren:

  • Identificando a todos y cada uno de los actores.
  • Aclarando toda la trama que condujo al "éxito" de la matanza y a la ocultación de los hechos y de sus ejecutores.
  • Exigiendo las medidas preventivas pertinentes para evitar que se vuelva a repetir masacre tan espantosa como la que nosotros sufrimos.

Exigiendo no más de lo que merecemos y renunciando a tomarnos la justicia por nuestra mano, creemos contribuir a hacer una España más habitable y más digna que la que nació –para nosotros y para toda persona de bien– una tristísima mañana de marzo de 2004.

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